Estoy preparándome para partir a Peralada y su Festival cuando me llega la noticia de la muerte de Bergonzi. Esperada, temida, natural. Llegó a cumplir los noventa, pero últimamente no se encontraba nada bien. O sea que todo lógico. Lo lógico y lo racional no siempre van de la mano con los sentimientos. Pensar que voy a ver esta noche la ópera en que se presentó por primera vez como tenor (Andrea Chénier), ya que había empezado como barítono, me va a hacer difícil la velada (espero que alguien, antes de comenzar, lo recuerde. Ojalá). Y eso que es un papel que no le vi (como tantos otros). Mi contacto con él fue sólo del muchacho tímido que le alarga el programa a un cantante mítico en su apogeo en la lejana Buenos Aires. No vi su debut en el Colón con Tebaldi y Taddei en Tosca ni su Don Carlo con, entre otros, la Stignani, pero luego…
Comentarios