Era el comienzo del mes de abril de 1964 –inmediatamente después de esos días en que empezó la Revolución de 31 de marzo– cuando se anunció un recital de la pianista argentina Beatriz Balzi en la ciudad de Ribeirao Preto. En aquella época yo era estudiante de música y piano en aquella ciudad paulista y me apresuré a comparecer en aquel memorable recital, cuyo repertorio era completamente nuevo para mí. Hasta aquella ocasión jamás había escuchado obras de Alberto Ginastera, Julián Aguirre, así como de otros compositores latinoamericanos tan magistralmente interpretadas por aquella gentil y competente pianista.Al término del recital, fui presentado a la ilustre pianista y, meses más tarde, empezamos a intercambiar correspondencia. Estaba naciendo entre nosotros una gran amistad que perduraría hasta el presente. Al año siguiente, organicé…
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