Es cierto que el ámbito de un teatro como éste no parece el ideal para una ópera de Monteverdi, pero no lo es menos que de las tres que se nos han conservado ésta es la más larga y compleja, y en cualquier caso tiene suficientes méritos como para desafiar una sala enorme. Para colmo de irritación, uno sabe perfectamente lo que la obra vale, también como literatura y teatro, y la versión musical es, en conjunto, muy buena. ¿Por qué se sorprende bostezando a la media hora de comenzada? Por la puesta en escena.
Wilson es interesante, exquisito, de buen gusto, etc. Y en algunas ocasiones funciona muy bien, pero parece mentira que sus gestos estilizados a veces, exagerados otras, plenamente bidimensionales y en posturas rígidas o forzadas, puedan servir mejor, pongamos, a una Aida que a este drama de poder, traición, falsedad, sexo y sangre…
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