Hay compositores que brillan en la luz de la fama, compositores sumidos en la sombra del olvido y compositores que llevan una existencia más o menos fantasmagórica en las penumbras de la historia de la música. Uno de estos últimos es Edward Elgar. Romántico rezagado en una época en la que la música de vanguardia acaparaba la atención de crítica y público, procedente de un país de modesta tradición musical, católico en una nación protestante, su obra no encaja en las clasificaciones cronológico-estilísticas de la literatura académica.
Sin embargo, no puede decirse que sea un compositor poco conocido. Su relativa popularidad se debe a las marchas sinfónicas de Pompa y Circunstancia, generalmente entendidas (o malentendidas) como exaltación musical del imperialismo británico, pero cuyo título revela una enorme ambigüedad conceptual, si se…
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