La Orquesta Filarmónica de Málaga, con ocasión de la Gala de Reyes y después de la decepcionante, pero en cierto modo esperanzadora, prestación con Rahbari en el concierto de Navidad, bajó muchos enteros bajo la dirección de Ortega i Pujol. No tiene sentido hacer recaer sobre el director la responsabilidad de una velada que en al menos un cincuenta por ciento resultó simplemente nefasta, pero lo cierto es que allí donde alcanzaba a regir Rahbari apareció el caos con el catalán. La obertura de El barbero de Sevilla aburrió, un pecado mortal en Rossini, incluso en los crescendi, y no ya por un desvaído exceso de ardor filológico, sino porque aquello no había por dónde tomarlo. Otro tanto, casi en su totalidad, para una muy completa suite de Carmen de Bizet, siempre muy agradecida por el público, pero calamitosa en cuanto la masa orquestal…
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