El segundo concierto que nos brindó el formidable Cuarteto Alban Berg en esta visita a Madrid se inició, igual que el anterior, con otro de los cuartetos que Mozart escribió para el Rey de Prusia, el K 589. Es una obra que se escucha relativamente poco, porque en relación con la dificultad de ejecución, su rendimiento es más bien discreto. O - dicho de otra manera - la mayoría de los conjuntos le tiene miedo. Por supuesto, para los componentes de este conjunto esto no es aplicable, y nuevamente hicieron gala de buen gusto, elegancia, musicalidad. Esta vez, sí, hubo algunos fortes, donde Mozart así lo marcó, pero siempre tocados con discreción y transparencia. El Larghetto, con pasajes solistas para las cuatro voces, pero particularmente peliagudos para 1º violín y cello, por lo alto de sus registros, fue dicho con total dominio y…
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