Es significativo cómo los grandes genios eligen despedirse de la lírica. Rossini, maestro de la comedia, eligió un gran drama romántico, Guillaume Tell. Verdi, renovador del drama lírico, una comedia única, Falstaff. Strauss, una ópera filosófica con Capriccio. Chaicovsqui, autor de dramas geniales (Eugenio Oneguin, La dama de picas) se fijó en un cuento, una fábula. Y compuso una música acorde al clima de la obra, en la que la ceguera de la protagonista tiene un componente simbólico indudable, pues se puede curar con la voluntad de la enferma (uno estaría tentado de pensar que se trata de una ceguera “histérica”). La ópera carece prácticamente de acción, de modo que la música se centra en lo abstracto, los sentimientos de los personajes, que giran todos en torno a la protagonista. Así, predominan las sonoridades ligeras, coloridas, que…
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