La ópera ha requerido siempre de divos, verdaderos o supuestos (en todas las épocas los ha habido, en la de la imagen y el marketing naturalmente más). Pero ni con el artista más carismático se puede hacer una ópera si no están los ‘comprimarios’, ‘secundarios’, lo que se llama en italiano ‘le parti di fianco’. Y varios de estos personajes resultan fundamentales no sólo para el desarrollo de la trama sino que tienen, muchas veces, una escritura no siempre fácil. De los llamados tenores ‘característicos’, salvo alguno histórico (Piero di Palma, Hugues Cuenod, Graham Clark, Gerhard Unger), se suele esperar no mucho: voces no muy bellas (o nada), cortas, temblorosas. Pero un Flavio en Norma, los servidores de Los cuentos de Hoffmann, para no hablar de tantos personajes en Janacek, Britten, Strauss, Wagner, Mozart, Puccini, Verdi (la lista…
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