Reportajes

Carles Santos en el diván

Daniel Martínez Babiloni
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Como la de Woody Allen, la producción artística de Carles Santos, el pianista que toca a Bach, Chopin, Brahms, Schubert o Wagner en la intimidad, forma parte de su propia terapia psicoanalítica. O más bien, dada la mediterraneidad del de Vinaroz, supone un continuo exorcismo litúrgico, inducido por sus propias dudas y búsqueda de identidad: “el fet insòlit de ser Carles Santos”, dice Alícia Coscollano (Carles Santos i Ventura, Onada Edicions, 2015). El punto de partida se encuentra en el retraimiento del hijo de Ricardo i Elena. Un niño que casi no hablaba a los cuatro años y que tenía dificultades con su psicomotricidad fina, pero capaz de tocar una Sonata de Beethoven, aunque tapara la tapa. Después, el ruido mecánico de un molino de almendras cercano a su casa se confundiría con los estudios de piano, que por cierto, fueron tutelados…

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