Hay pocas cosas más tristes que tener que redactar una crítica de ópera por deber. Es el caso de ésta, que da cuenta del inicio de la temporada operística de París. La puesta en escena de Madama Butterfly, firmada por Bob Wilson, era, tal como la de Don Giovanni ya comentada en Mundo Clásico, una reposición. Tiene ya más de dos décadas, permanece en el repertorio de la ópera parisiense y se ha presentado en otros teatros desde entonces. La cuestión es que, en estos casos, se requiere una prestación musical excelente para superar la sensación de déjà vu, algo que no se alcanzó en la representación a la que me tocó asistir.
La puesta en escena de Wilson es habitualmente descrita con adjetivos como zen y refinada. Tal como Puccini escribió la música para una tragedia “japonesa”, también podemos calificar co el mismo adjetivo la lectura del…
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