En la ciudad natal y el teatro que lleva su nombre, uno de los puntos fuertes de la temporada ha sido este concierto rossiniano (Donizetti nunca tuvo problemas, ni Rossini tampoco; el problemático era Bellini). El Stabat Mater no da para llenar todo un concierto, y por eso fue un gran acierto incluir en la primera parte al coro y orquesta del Comunale boloñés en los fragmentos sinfónico-corales del Guillaume Tell. Entre otras cosas porque en Pesaro y luego en Bolonia ya lo habían hecho espléndidamente. Aquí la obertura fue tan extraordinaria como siempre (está mal comparar, pero precisamente tuvo todo lo que le faltó a la lectura -sin duda buena- de Pappano en Londres: tiempos bien dosificados, una construcción creciente), pero los ballets del tercer acto, con sus intervenciones corales (magníficas, aunque no tanto como en el siguiente…
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