Artes visuales y exposiciones

Picasso y sus mujeres, "diosas o felpudos"

Juan Carlos Tellechea
martes, 12 de enero de 2016
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Coleccionista maniático, Pablo Picasso (Málaga, 1881 - Mougins 1973), reunía junto a obras de artistas que admiraba o con los que había entablado amistad, entre ellos Edgar Degas (1834 - 1917) o Henri Matisse (1869 - 1954), cuanta cosa encontrara por el camino: el manillar de una bicicleta, un tenedor herrumbrado, o el premio ganado en alguna feria.

Para el pintor y escultor español, creador del cubismo, junto a Georges Braque (1882 - 1963) y Juan Gris (1887 - 1927), todas estas cosas eran elementos de un proceso metabólico; alimentos que tomaba, digería y excretaba bajo una nueva combinación. Su capacidad de inventiva se apoyaba en esa pasión sin reservas hacia cualquier fuente de inspiración, lo que ha llevado a críticos y expertos a consagrarlo como el artista más importante del siglo XX.

Masculino-Femenino

Pablo Picasso, Hombre y Mujer se titula una amplia y muy interesante exposición que se realiza en estos meses y hasta el próximo 8 de marzo de 2016 en el encantador Museo Buchheim, de la localidad de Bernried, junto al (lago) Starnbergersee, a medio camino entre Múnich y los Alpes, al sur de Alemania.

Ingresar al fascinante Buchheim Museum, que dirige el historiador de arte Daniel J. Schreiber (Hilden, 1965), es como levitar en un mundo de fantasía sin parangón; arte en todas sus formas colman sus modernas salas e instalaciones, desde sus jardines, pasando por el extenso muelle que pende sobre el lago apoyado en altos pilares, hasta los pisos superiores del edificio principal.

Su fundador, el pintor, fotógrafo, escritor y cineasta Lothar-Günther Buchheim (Weimar, 1918 - Starnberg, 2007), autor de El submarino, fue un admirador de Picasso y también un coleccionista empedernido. La villa en la que residía con su mujer, Diethild, en Feldafinger, también junto al Starnbergersee, estaba plagada de cuadros y grabados de expresionistas alemanes; pero también de objetos encontrados más o menos al azar como guardapinceles chinos, pisapapeles de vidrio de todos los colores, motivos y formas. Le podían apasionar desde horquillas francesas para agavillar heno, hasta un florero art nouveau de Émile Gallé (1846 - 1904).

Féminas

Picasso amó a sus mujeres, las usó y las abandonó. Era un hombre de carácter dificil, veleidoso, dominante, absorbente, con amoríos legendarios que ocuparon el núcleo de su creación; la nueva exhibición del Museo Buchheim reúne los múltiples retratos que hizo de sus féminas.

Sobre una de las paredes cuelga Mujer con sombrero una litografía de 1939 de la serie que pintó hasta comienzos de 1940 en Royan (costa del Atlántico). Era la época en la que, tras haber terminado con Olga Khokhlova (bailarina de los Ballets Rusos que dirigía Serguéi Diáguilev, y madre de Pablo, primer hijo de Picasso, nacido en 1921) y con Marie-Thérèse Walter (madre de Maya, nacida en 1935) vivía ya con la no menos complicada fotógrafo Dora Maar. Hoy, mirando retrospectivamente, Marie-Thérèse, a quien Picasso inició en sus prácticas sexuales sadomasoquistas predilectas, fue la principal inspiración en las sensuales y sugestivas figuras femeninas de su obra.

Pablo Picasso, Mujer con sombrero azul (Dora Maar), 1955, Farblithographie nach einem Ölgemälde vom 7. März 1944, Buchheim MuseumPablo Picasso, Mujer con sombrero azul (Dora Maar), 1955, Farblithographie nach einem Ölgemälde vom 7. März 1944, Buchheim Museum © Succession Picasso / VG Bild-Kunst Bonn 2015

Ambos sexos

Más allá vemos a El fumador (1964), pastel sobre papel que ilustra a un pescador corpulento, con gorra azul, pañuelo rojo al cuello, camiseta a rayas horizontales y un cigarrillo colgado de los labios que ha sido reproducido en el cartel de publicidad de la muestra.

Este cuadro, nunca antes expuesto públicamente, colgaba de un clavo, no demasiado bien fijado, sobre la puerta de la biblioteca de la villa de los Buchheim. La imagen, comparada con otras de esa época, parece ocultar un autorretrato con formas femeninas sutilmente entretejidas. Todo un estreno y descubrimiento.

La muestra reúne cuadros y obra gráfica del propio Museo Buchheim, de la Kunstsammlung Nordrhein- Westfalen de Düsseldorf, así como de los Museos Estatales y el Museo Berggrün de Berlín.

Diosas y felpudos

Las fantasías eróticas de Picasso eran infinitas; casi hasta su muerte (de un edema pulmonar), con 91 años, pintaba motivos sensuales, con formas voluptuosas, evocando con añoranza placeres libidinosos pretéritos. Siempre tuvo una relación muy especial con las mujeres, tanto en el arte como en la vida real.

Françoise Gilot (Neuilly-sur-Seine, 1921), madre de Claude (1947) y Paloma (1949), amante de Picasso entre 1943 y 1954, solía decir que éste le había confesado un día que para él había dos clases de mujeres: "diosas y felpudos". Pero "a las diosas el pintor las convirtió asimismo en felpudos", afirma Schreiber. No en balde comparaba Gilot a Picasso con el uxoricida Barba azul (1697), el personaje del cuento recopilado y adaptado por Charles Perrault (1628 - 1703) que ocultaba en una habitación prohibida los cadáveres de sus anteriores esposas. Tres de las mujeres de Picasso se suicidaron y otra dos sufrieron trastornos psíquicos y depresiones antes de fallecer.

Recorrido

A través de sus cuadros repasamos en la exposición sus relaciones amorosas; primero con Fernande Olivier, a quien conoció en el Bateau-Lavoir de Montmartre en 1904 y con quien disfrutó de la bohemia parisina de aquel entonces. En 1911 arde por Marcelle Humbert, a la que cambia el nombre por el seudónimo de Eva Gouel, tal vez porque la mujer de Braque se llamaba también Marcelle. Con excepción de un dibujo de Eva en su lecho de muerte (en 1915, de tuberculosis) no hay ningún otro cuadro de ella. Los experimentos cubistas de Picasso entonces no le permitían realizar imágenes realistas. Se limitaba a escribir sobre sus telas "J'aime Eva", "Jolie Eva" o "Ma Jolie". Su deceso sumió al inestable Picasso en la desesperación.

Entre 1916 y comienzos de 1917 tuvo relaciones con varias mujeres a la vez: Gabrielle Lespinasse, una corista de Montparnasse, con la que tuvo un romance sin consecuencias; Irène Lagut, una vecina y solícita confidente de la calle Schoelcher (donde vivía con Eva); una tal Émilienne Pâquerette, la modelo del momento, quien encuentra en el pintor el complemento ideal para su imagen de mujer admirada; y Elvira Paladini (conocida por el diminutivo de You-You), sensual y sibarita, cuya presencia estimuló una cierta premonición de Italia en la obra de Picasso.

Pablo Picasso, Pareja, 1968, Radierung, Sammlung KlewanPablo Picasso, Pareja, 1968, Radierung, Sammlung Klewan © Succession Picasso / VG Bild-Kunst Bonn 2015

Retratos

En junio de 1916 Picasso quería huir del obsesivo recuerdo de Eva y se mudó a la calle Victor-Hugo número 22, en el barrio de Montrouge, donde realizó varios retratos de Paladini (y de Guillaume Apollinaire, 1880 - 1918), quien había regresado herido del frente de batalla en la Primera Guerra Mundial). Eran las semanas previas a la primera exhibición pública de Las señoritas de Avignon (1907).

El matrimonio en 1918 con Olga -a quien había conocido un año antes en Roma durante el perído con los Ballets Rusos- y el nacimiento de Pablo en 1921 se vió reflejado en diversos cuadros de la madre con su hijo. Desde 1917 venía retratando a Olga en varios óleos y dibujos: Olga Khokhlova con mantilla (Museo Picasso, Málaga); Mujer con vestido español (La Salchichona)" (Museo Picasso, Barcelona), con técnica divisionista;  Mujer sentada en un sillón (Personaje) (Museo Picasso, Barcelona), en estilo cubista, entre otros. Olga no quería pisar más la vivienda de Montrouge; olía a "demasiadas mujeres", afirmaba, y decidió mudarse con Picasso a la elegante Rue de la Boétie, donde ocupan un apartamento con atelier.

Nueva evolución

Picasso, asqueado del ya dogmático cubismo, buscaba nuevos horizontes; se libera, evoluciona hacia la abstracción, encuentra soluciones a varios problemas artísticos, se reencuentra, a su aire, con el lenguaje pictórico realista, figurativo, y en la década de 1920 desarrolla una formidable diversidad estilística.

El gran artista del siglo XX era asimismo un amante ególatra que instrumentalizaba a sus mujeres. La otra cara de la medalla del oscuro y destructivo poder de su amor era la luminosa fuerza creativa de su arte. Picasso necesitaba mujeres, musas; les absorbía su néctar para inspirarse. Cada una de sus parejas tuvo, a su manera, una función importante en su evolución artística.

Lo abandonan

Jacqueline Roque fue la última mujer de Picasso. La conoció en el verano (boreal) de 1952; ella tenía 25 años, él 70. El 30 de septiembre de 1953 Françoise Gilot lo abandona y se muda con sus niños a París. Claude, entrevistado en septiembre de 2005 por este corresponsal para CNN en Español en Berlín, con motivo de la exposición Picasso en privado, en la Neue Nationalgalerie de la capital alemana, evocaba con gran emoción a su madre y la situación en la que Picasso los había inmortalizado en un hermoso cuadro allí expuesto (Claude en brazos de su madre, 1948).

Jacqueline, separada de su marido y con una hija (Catherine), sentía compasión por el artista más famoso del mundo. El pobre hombre, a su edad, no podía quedar solo y abandonado, pensaba ella. Se ocupa de él, está permanentemente a su disposición, se hace insustituible. Él se lo agradece.

Pablo Picasso, Françoise, 1946, Lithographie, Buchheim MuseumPablo Picasso, Françoise, 1946, Lithographie, Buchheim Museum © Succession Picasso / VG Bild-Kunst Bonn 2015

La última

Françoise y Picasso se vieron por última vez en 1954 durante una corrida de toros en honor al pintor malagueño en Vallauris, Costa Azul francesa (donde con dinero de su abuela ella había adquirido en 1948 una pequeña villa). Al lado de él estaba sentada Jacqueline, su sucesora. Para gran sorpresa de Picasso, Françoise abrió la corrida cabalgando sobre la arena. Con una majestuosa reverencia de su caballo le agradeció públicamente por todo lo que le había dado.

Jacqueline recibirá entonces lo que para todas las demás mujeres estuvo vedado, y tendrá exclusivamente para ella al genio de la pintura del siglo XX. El precio fue su absoluta consagración. Ella hace todo por él. Se ocupa de la comida, la vestimenta, el correo, los trámites bancarios. En 1955 Picasso compra una villa en Cannes. Jacqueline y Catherine se mudan junto con él. En 1957 se suma Lump el perro salchicha (Dackel); en la Navidad llega Esmeralda, una cabra (obsequio de Jacqueline). Para los hijos de Picasso que vienen siempre al comienzo de las vacaciones estivales es una buena madrastra.

Visitantes

De vez en cuando vienen los amigos de antaño: el galerista Daniel-Henry Kahnweiler, el literato Michel Leiris, el matrimonio de ceramistas Ramié, el pintor Édouard Pignon, y también Arias, el peluquero de Picasso. Son recibidos asimismo algunos personajes famosos como el ex presidente de Estados Unidos Harry Truman, la actriz Brigitte Bardot y el actor Gary Cooper. Jacqueline es una excelente anfitriona.

Pero Picasso quería estar tranquilo en casa y ella trataba de mantenerlo aislado de los visitantes indeseados, aún cuando fueran familiares o ex mujeres. El maestro no tenía tiempo, estaba muy ocupado. La consagración incondicional le hacía bien al ególatra entrado en años. Trabajaba más que nunca. El primer piso de la villa estaba totalmente ocupado por su desbordante producción artística y por piezas de su colección.

Mudanzas

La pareja se muda dos veces más, primero al Château de Vauvenargues, en Aix-en-Provence, y finalmente a una casa de campo en Mougins, cerca de Cannes, con una maravillosa vista al mar. Tras el divorcio de Jacqueline de su primer marido y la muerte de Olga en 1955 (Picasso no había podido divorciarse, por la ley española), se casaron el 2 de marzo de 1961 en Vallauris. Mantuvieron un matrimonio simbiótico. Picasso murió en 1973 en Mougins.

Jacqueline siguió viviendo en soledad en la villa con su enorme legado.Tras largos años de juicios se convirtió en la principal heredera, recibió una cuarta parte del enorme patrimonio de Picasso e impulsó con gran energía la creación del Museo Picasso de París, abierto en 1985. En 1986, trece años después de la muerte del pintor, se suicidó.

Pablo hijo fue el único que permaneció siempre junto a Picasso, incluso durante el matrimonio de este con Jacqueline; falleció en 1975, con 54 años de edad. Uno de sus tres hijos, Pablito, se suicidó meses después de la muerte de su abuelo.

Superviviente

Françoise Gilot es la única que no padeció ningún quebranto por la separación o la muerte del pintor. Conoció en La Jolla (California) en 1969 a Jonas Salk (el descubridor de la vacuna contra la poliomielitis), se casó con él en 1970 y vivieron juntos hasta el fallecimiento del científico en 1995. Gilot reside hasta hoy en California, es una artista de gran éxito (pintora y grabadora de la Nouvelle École de París, así como escritora) y tiene talleres en Nueva York y en Montmartre.

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