En más de un siglo que lleva a cuestas esta notable ópera, tal vez no entre las más populares y amadas de su autor, pero sí de las más modernas y ‘experimentales’, creo que nadie había tratado de volver a las intenciones primeras de Puccini antes de que Toscanini para el estreno en el Met, considerando la acústica sobre todo, cambiara o cortara algunos momentos y los cantantes (Caruso en particular) adaptaran otros a su modo de cantar y ver la parte.
El mérito fundamental de Chailly ha sido de considerar todo el material con total atención y entrega y el resultado ha sido una versión orquestal no sólo novedosa y brillante, sino llena de contrastes, no sólo dinámicos, de una mayor caracterización del Far West norteamericano como creía entenderlo Puccini, sin perder de vista nunca el difícil equilibrio con el escenario. Y la orquesta…
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