En una entrevista concedida al periódico La Repubblica antes del recital Beczala recordaba cómo lo habían traumatizado los silbidos que le dirigiera un sector del público al finalizar la función inaugural hace dos temporadas con La Traviata. Afirmó haberlo superado, pero no olvidado, y que si volvía a cantar ópera en el mismo escenario no sería en italiano (hasta ahora ha interpretado, además, con éxito, Rigoletto y La Bohème).
Esta vez se dio el gusto de un triunfo enorme, sobre todo considerando que casi a la misma hora se ofrecía en la cercana piazza del Duomo un concierto de la Filarmónica de la Scala dirigido por Chailly y con la participación como solista de Argerich. Sin duda ese hecho, la fecha y hora (domingo por la noche), el buen tiempo, se añadieron al factor principal, que es el preocupante descenso en la asistencia del…
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