Es llamativo que en una función de abono de una obra semejante, y en su tercera representación en la temporada, haya poco público, aunque moderadamente entusiasta (al final de cada acto, como en los viejos tiempos, salen el artista principal del acto y luego los otros –sana costumbre que se debería recuperar). No se entiende en un teatro como éste, con todos los bemoles que se le puedan ocurrir a uno. Espero que no se haya llegado al punto de que si no canta alguien ‘famoso’ (no importa si justificadamente o no) no interesa.
Porque si no interesa este título de Strauss, seguramente el más ‘popular’ de los suyos, y además una obra maestra lozanísima, ¿qué es lo que va a interesar? ¿Qué pasa con el público lírico de hoy, el ‘tradicional’, el ‘snob’, y, sobre todo, el ‘nuevo’ si es que lo hay? No se puede decir que la versión no resultara…
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