Esta vez estoy de acuerdo en hacer preceder a los artistas por el equipo escénico. Porque lo segundo fue notabilísimo y lo primero, sin dejar indiferente y pese a su gran inteligencia, deja en claro que lo que va primero siempre y hace al éxito de un espectáculo lírico es la incuestionable calidad musical.
Michieletto es un hombre de teatro más que notable y con muchas ideas. Pero mientras en el teatro de prosa poco o nada hay que reprocharle (sirve al texto y se sirve de él, pero sin propasarse), en el lírico (y es un director de escena que sabe música, rara avis) parece que tiene no sólo miedo al vacío escénico, sino que ‘debe’ encontrar un sentido oculto a texto y música cuando no lucha directamente con ellos (y a veces contra, que las preposiciones tienen su importancia).
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