Al anunciar el otoño pasado la primera producción de Faust en el Festival de Salzburgo, uno de sus responsables reconoció que su inclusión en el 2016 era una cita tal vez “aunque esta obra sea un poquitín culinaria.” Se trató de una típica evaluación artística del este del Rhin de la mas famosa creación de Gounod, porque mas que una ópera, Faust es una especie de copa Melba para la estética artístico musical germana de postguerra. Particularmente molesto para los dueños de la lengua de Goethe es ese pietismo religioso tan católico y afrancesado, y por ello mismo tan ajeno a la sarcástica y profunda cosmogonía goethiana construida alrededor de las batallas por almas entre Dios y el diablo.
De cualquier manera, con Reinhard von der Thannen a cargo no sólo de los vestuarios y la escenografía sino también de la régie el resultado era…
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