En los años en los que trabajó en la composición de la Sinfonía número 3, Mahler vivía envuelto en el universo de Des Knaben Wunderhorn, ciclo del que emanan materiales que nutren algunos movimientos de la Tercera y de otras sinfonías. Aspiraba al máximo –ambicionaba- como compositor y como director de orquesta, y ese afán quizá romántico y eminentemente intelectual por abarcar la plenitud marca la colosal obra interpretada en Quincena por Iván Fischer y la Budapest Festival Orchestra.
Iván Fischer respeta la clara vocación programática de Mahler, se apega a ella y sigue su relato, de modo que en su versión la Tercera es una reivindicación de la vitalidad y la ambición del joven Mahler. Decir, como éste hacía, que su composición pretendía compendiar el mundo sería hilarante si no encontrara sustento en su abrumadora genialidad musical.…
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