Espartaco no es el ballet más refinado ni elegante de la historia. Desde un punto de vista dramatúrgico resulta bastante flojo. Su versión de los hechos históricos que le sirven de pretexto es disparatada. Es la quintaesencia del (hoy pasadísimo de moda) ballet soviético de propaganda ideológica. A pesar de todos estos inconvenientes, si los intérpretes son competentes, es una obra que sigue haciendo delirar al público. ¿Por qué? La maravillosa partitura de Jachaturián, aun siendo más de la mitad del espectáculo, no basta para explicar el fenómeno. ¿Será la relativa „novedad“ de esta obra raramente interpretada fuera del este de Europa? ¿ O su estilo tan anticuado y diferente del de una danza moderna que, pese a lo que se diga de la boca para afuera, en el fondo sólo les gusta de verdad a quienes la hacen? Sin duda todo esto también…
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