Es la primera vez que puedo ver la versión integral en cinco actos en la edición crítica de U. Günther y L. Petazzoni, publicada por Ricordi, que incluye el principio con el fundamental –y extraordinario- ‘coro de leñadores’ y también, por claridad, la breve escena del cambio del velo de las dos protagonistas femeninas en el principio del tercer acto. Naturalmente, sin el ballet. Si la problemática de la paz, política y personal, era uno de los ejes de cualquier versión de esta ópera gigantesca –no sólo por sus dimensiones- con este principio y la primera escena de Elisabetta queda asentado –independientemente de la obra de Schiller en que se basa, como el muro maestro, junto con la soledad de los individuos, que vertebra lo que su autor alguna vez denominó, quizás injustamente, como ‘mosaico’. Aunque sea, como dice Posa, la paz de los…
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