Ivan Fischer ha demostrado su buen hacer una vez más y se acerca con sus Danzas eslavas a las altas cotas interpretativas de Kubelik (Deutsche Grammophon 457 712-2) y Donhanyi (Decca 430 171-2). Una vez más, intepretando la música húngara deja claro su seriedad y su condición de director trabajador, lejano del star-system y ajeno a cualquier tentación de pereza en los ensayos.Tanto en directo como en disco, Fischer da lo mejor de sí mismo y en este disco se nota. Puede acusársele de cierta falta de originalidad a la hora de abordar el gran repertorio, pero nunca de falta de coherencia y de pulso. Su batuta es, ante todo, ordenada y meticulosa. No se explaya en un discurso musical especialmente brillante, pero siempre es pulcro en sus planteamientos.Es lo que necesitan estas danzas eslavas de Dvorák, obra de atractivo sin par, escrita…
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