La frase del título es la respuesta que da la protagonista (de nombre casi tan poco personal como Rusalka) a su padre, el Hielo, cuando este le pregunta qué es lo que le atrae de los humanos. Como su autor, seguirá fiel a ella incluso cuando tras sentir simpatía y atracción por esos seres (sobre todo por el bardo del pueblo, Lel) llegue a conocer el amor que lamenta no experimentar y que le costará la vida al ser tocada por los rayos del sol. Un canto al panteísmo, a la naturaleza, a la fantasía y fábulas populares y su correspondiente folklore en una Rusia mítica, tan del gusto de Rimski que consideraba a su tercer trabajo el mejor de toda su producción lírica.
Como sucede casi sin excepción con sus óperas, maravillosas en el aspecto puramente musical, la parte dramática es endeble, incluso cuando se trata de una obra de Ostrovski, con…
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