Hacía mucho que no se daba aquí esta maravillosa ópera, acusada de algo larga desde el vamos y desde el vamos defendida por su autor ante la testa coronada que profiriera el juicio (peor le iba a ir más adelante, al final de su carrera, con una reina estúpida que tachó la extraordinaria Clemenza di Tito de ‘porcheria tedesca’). La última vez había sido en 1994, pero desde 1972 se utilizaba ya esta producción, nacida en Salzburgo años antes. Aunque figure en rojo la siguiente leyenda “en ocasión del vigésimo aniversario de la desaparición de Giorgio Strehler y del décimo de la de Luciano Damiani’, alguno ha cuestionado que se siga reponiendo un montaje nacido hace más de cincuenta años.
Tics del Piccolo Teatro de Milán, museo, arqueología teatral. Puede ser. Ciertamente el teatro ha evolucionado, pero no se sabe si siempre para bien. Al…
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