Alemania

Entre semidioses anda el fuego

Juan Carlos Tellechea
Entre semidioses anda el fuego
Düsseldorf, jueves, 29 de junio de 2017.
Ópera de Düsseldorf. El oro del Rin (Das Rheingold), ópera en cuatro cuadros con música y libreto de Richard Wagner (1813 - 1883); basada en el poema anónimo medieval Das Nibelungenlied y la escandinava Volsunga Saga; primera de las cuatro óperas que componen el ciclo de El anillo del Nibelungo (Der Ring des Nibelungen), estrenada en el Hoftheater de Múnich el 22 de septiembre de 1869. Régie Dietrich W. Hilsdorf. Escenografía Dieter Richter. Vestuario Renate Schmitzer. Iluminación Volker Weinhart. Intérpretes: Simon Neal (Wotan), Renée Morloc (Fricka, su esposa, diosa del amor conyugal), Silvia Hamvasi (su hermana, diosa de la juventud), Torben Jürgens (Donner, dios del trueno), Ovidiu Purcel (Froh, dios del día), Norbert Ernst (Loge, semidios del fuego), Susan Maclean (Erda, diosa de la madre naturaleza), Michael Kraus (Alberich, enano nibelungo), Cornel Frey (Mime, su hermano), Bogdan Talos (Fasolt, gigante), Thorsten Grümbel (Fafner, su hermano), Anke Krabbe (Woglinde, hija del Rin), Maria Kataeva (Wellgunde, hija del Rin), Ramona Zaharia (Flosshilde, hija del Rin). Extras de la Deutsche Oper am Rhein. Orquesta Düsseldorfer Symphoniker. Director musical Axel Kober. 100% del aforo.

Creo que no debe haber cosa más difícil en el mundo de la ópera que la puesta de una obra de Richard Wagner con la que todo dios pueda quedar satisfecho. Esta vez le tocó a un semidiós, Dietrich Hilsdorf (1948), uno de los más importantes Klassiker-Regisseure de Alemania, con más de 100 escenificaciones a cuestas, la ciclópea tarea de satisfacer a todas las divinidades del Olimpo; y, como ocurre también a menudo en el templo wagneriano del Festival de Bayreuth, no lo consiguió del todo, pese a los ingeniosos trucos, malabarismos, salvavidas y jueguitos empleados.

Pero la idea es magnífica. Hilsdorf, con escenografía de Dieter Richter, vestuario de Renate Schmitzer e iluminación de Volker Weinhart, ambienta la obra en el mundillo del vodevil y de los burdeles del siglo XIX, en algún lugar entre Montmartre y St. Goar, localidad vitivinícola…

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