Lady Macbeth es, entre otras cosas, una sonora y macabra carcajada, que pone sobre el escenario comportamientos abyectos, los cuales, para nuestra angustia, se presentan como inseparables de la definición de ser humano. Ese lado sarcástico, esperpéntico, se fue mostrando en esta producción, firmada por Andreas Kriegenburg con escenografía de Harald B. Thor, provocando, a lo largo de la representación, leves risas nerviosas, reprimidas ante la enormidad de lo que se nos daba a ver y a escuchar. Así, este montaje concluye con la impresionante y, al mismo tiempo, ridícula imagen de los cuerpos de Katerina y Sonjetka colgando, con la misma soga atada al cuello, en el centro del espacio escénico. Katerina, después de la humillación final en su camino a Siberia, arrastra a la nueva amante de su marido con esa soga: ambas mueren, así, no…
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