Alemania

¿Has cumplido con el encargo de Dios?

Juan Carlos Tellechea
martes, 7 de noviembre de 2017
Gelsenkirchen, sábado, 28 de octubre de 2017. Musiktheater im Revier Gelsenkirchen. Estreno de una nueva producción de Mathis der Maler (Matías el pintor), ópera en siete cuadros de Paul Hindemith (Hanau, 1895 – Fráncfort del Meno,1963), con libreto de él mismo sobre la vida del pintor renacentista alemán Matthias Grünewald (¿1475/1480? - ¿1528 o 1531/1532?) en la turbulenta época de la Reforma Protestante (iniciada el 31 de octubre de 1517 con la difusión en Wittenberg/Sajonia-Anhalt de las 95 tesis del monje agustino Martin Lutero, condenando las abusivas ventas de indulgencias por la Iglesia Católica); estrenada el 28 de mayo de 1938 en el Stadttheater (hoy Opernhaus) de Zúrich (Suiza). Régie Michael Schulz. Escenografía Heike Scheele. Vestuario Renée Listerdal. Iluminación Patrick Fuchs. Toma fílmica Bernhard Kleine-Frauns. Dramaturgia Gabriele Wiesmüller. Intérpretes: Urban Malmberg (Mathis, un pintor enamorado de Ursula), Martin Homrich (Alberto de Brandemburgo, cardenal arzobispo de Maguncia, instigador de la gran campaña para la venta de indulgencias que desató el escándalo en el Sacro Imperio Romano Germánico), Luciano Batinic (Riedinger, un rico ciudadano protestante), Yamina Maamar (Ursula, hija de Riedinger), Tobias Haaks (Hans Schwalb, líder los campesinos), Bele Kumberger (Regina, hija de Schwalb), Edward Lee (Wolfgang Capito, consejero de Alberto de Brandemburgo), Joachim Gabriel Maaß (Lorenz von Pommersfelden, deán católico de la catedral de Maguncia), Almuth Herbst (condesa Helfenstein), Jacoub Eisa (Truchseß von Waldburg, general del ejército), Tobian Glagau (Sylvester von Schaumburg, un oficial del ejército), Apostolos Kanaris (el pífano del conde Helfenstein). Coro y coro extra del Musiktheater im Revier Gelsenkirchen, preparado por Alexander Eberle. Extras del Musiktheater im Revier Gelsenkirchen. Orquesta Neue Philharmonie Westfalen (Landesorchester Nordrhein-Westfalen) dirigida por Rasmus Baumann. 100% del aforo.
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¿Es suficiente con pintar cuadros que transmitan mensajes inequívocos o el artista tiene también que comprometerse políticamente? Esta es la cuestión de conciencia que atormenta a Matías, el pintor, en la ópera homónima (Mathis, der Maler) de Paul Hindemith, muy pocas veces representada en estos tiempos. El mismo Hindemith se vió confrontado con un dilema similar. Su ópera fue prohibida por el régimen nazi de Adolf Hitler (1933 - 1945) en 1934 y Hindemith tuvo que exiliarse, primero en Suiza, después en Estados Unidos. El ejemplo histórico para su Matías lo halló en el pintor Matthias Grünewald, creador del célebre retablo (1506 – 1515) de la capilla del monasterio de los Hermanos Hospitalarios de San Antonio, de Isenheim, que hoy puede admirarse en el Museo Unterlinden de Colmar (ambas localidades en Alsacia, hoy Francia).

Matías, el pintor, un admirador del monje agustino Martín Lutero, se ambienta en la agitada época de la Reforma Protestante, y el Musiktheater im Revier, de Gelsenkirchen, en el corazón de la cuenca del Ruhr, estrena esta excelente producción de su director general, Michael Schulz, precisamente cuando se conmemora el V Centenario del acontecimiento protagonizado por aquel religioso contestatario que condenaba la abusiva venta de indulgencias practicada por la Iglesia Católica y así lo hacía saber en 95 tesis difundidas (primero manuscritas, después impresas) el 31 de octubre de 1517 en Wittenberg (ahora seguramente las habría divulgado vía internet).

Mathis der Maler. Producción de Michael SchulzMathis der Maler. Producción de Michael Schulz © 2017 by Monika Foster

Eran asimismo los convulsionados tiempos de la hoy casi olvidada Guerra de los Campesinos alemanes (1524 – 1525) que afectó asimismo a Suiza y a Austria; la revuelta popular más generalizada y masiva que tuvo lugar en Europa hasta la Revolución Francesa (1789), liderada por el predicador Thomas Müntzer (Allstedt/Sajonia-Anhalt), partidario de la Reforma y defensor del anabaptismo, pero también apoyada por el teólogo zuriqués Huldrych Zwingli, fundador de la Iglesia Reformada Suiza. Fue el general Georg III. Truchseß von Waldburg (genialmente interpretado por el bajo Jacoub Eisa), quien tras varios infructuosos esfuerzos y negociaciones, aplastó, aniquiló sin miramientos a la rebelión campesina y sus jefes al frente de un ejército federal de suabos y fogueados combatientes veteranos que regresaban de las Guerras Italianas (1494 – 1559).

La Reforma, al acentuar y complicar las divisiones políticas de Europa, contribuyó de manera decisiva a arruinar el edificio, ya carcomido, de las ideologías políticas medievales, resultado que los reformadores ni buscaron ni siquiera comprendieron. En la conmoción producida por la renovación de la religión, el estrecho vínculo entre lo espiritual y lo temporal, así como la primacía ideológica de lo religioso sobre lo político continuó imprimiendo su sello a los hombres. Ninguna doctrina política fue capaz en el siglo XVI de suscitar tanta agitación y tantas acciones políticas como las que produjeron los reformadores. Pese a sus divergencias (por ejemplo, Lutero más apegado a lo bíblico-teológico, se distanció de Müntzer, más próximo a la urgente necesidad de reformas sociales) éstos tuvieron al menos algo en común; sus concepciones estrictas de la sociedad y del gobierno derivaban de sus teologías, es decir, ocupaban un segundo plano, eran secundarias en sus preocupaciones.

Urban MalmbergUrban Malmberg © 2017 by Monika Foster

En aquella época Matías (muy bien y exacto en su papel el barítono Martin Malmberg) estaba afincado y trabajaba en Mainz para la corte del príncipe elector Alberto de Brandemburgo (brillantemente interpretado por el tenor alemán Martin Homrich), cardenal arzobispo de esa importante diócesis, e instigador de la campaña para redoblar la venta del tan mentado ingenio teológico para una supuesta remisión de los pecados (había encomendado para ello al predicador dominico Johann Tetzel).

La orquesta Neue Philharmonie Westfalen, bajo la batuta de su director principal, Rasmus Baumann, cumple una labor sobresaliente, ya desde la obertura, con una ejecución precisa, concentrada, plena de extraordinarios colores y matices que enriquecen enormemente la puesta. Mientras, Matías, un artista moderno, neodadaísta, en medio de su crisis personal, experimenta con Ursula (la soprano Yamina Maamar, brillante vocal e histriónicamente), hija de Riedinger (fantástico el bajo Luciano Batinić), un rico protestante; pinta de azul (como los gigantescos cuadros del francés Yves Klein que dominan el vestíbulo de este teatro) su torso y lo utiliza como rodillo, haciéndolo girar sobre un lienzo extendido en el piso (antropometría) para que deje su impronta en manchas y trazos abstractos. La escenografía (Heike Scheele, una tramoya con pocos bastidores, paneles, practicables y carros, pero muy bien situados y variados por su movilidad), nos sitúa en el monasterio de los Antonianos en Mainz, con los cuales Matías mantenía buenas relaciones.

Yamina Maamar Yamina Maamar © 2017 by Monika Foster

En eso irrumpe en el recinto Hans Schwalb (imponente el tenor Tobias Haak con su fuerza y dramatismo), uno de los líderes de los campesinos sublevados, acompañado por su hija Regina (muy sensible y emocionante en su papel la soprano Bele Kumberger). ¿Has cumplido con el encargo de Dios? se cuestiona Matías. ¿Debes comprometerte contra la injusticia social o continuar pintando coloridamente y formular un mensaje? Matías se inclina primero por los campesinos oprimidos, pero finalmente se distancia de éstos por los horrores vividos durante la guerra. Stop the war, y el signo de la paz pintado sobre el rostro de Regina, casi al final de las tres horas de la función, es el mensaje, que cobra hoy y siempre más actualidad que nunca.

¿Ha tenido la Humanidad algún momento de paz durante su milenaria historia sobre la Tierra? El pintor se convierte en una especie de alter ego de Hindemith, interesado en la Reforma Protestante. Grünewald, que conocía la obra de, entre otros, Alberto Durero, Lucas Cranach el Viejo, así como de los pintores italianos y holandeses, suscitó a su vez la inspiración de muchos creadores de comienzos del siglo XX y su lucha por expresarse artísticamente en el clima de represión de su época, refleja de algún modo la propia vida de Hindemith, metido ya en la composición de esta ópera cuando Hitler alcanzó el poder.

Jacoub Eisa, Bele Kumberger, Tobias Glagau, Tobias Haaks Jacoub Eisa, Bele Kumberger, Tobias Glagau, Tobias Haaks © 2017 by Monika Foster

Guerras, conflictos por la fe (y el poder) e historias de amor dominan el contenido de esta bien empaquetada obra lírica, en la que Hindemith combina tonalidades de música moderna con corales gregorianos y canciones populares de la época de la Reforma. Las batallas entre católicos y protestantes se libran literalmente a tortazos (no sopapos, sino auténticas tortas de crema, chocolate y frutas), al estilo del eat art del suizo de origen rumano Daniel Spoerri. En el libreto se unen magistralmente hechos históricos que se suscitaron durante la vida de Matthias Grünewald, como las luchas religiosas, con la ficción de un triángulo amoroso entre el pintor, la paupérrima campesina Regina y Ursula, con la que el mujeriego cardenal Alberto de Brandemburgo también mantenía relaciones íntimas.

El purpurado y arzobispo de Mainz era famoso por esta ardiente inclinación que además no ocultaba. Entre sus concubinas, se cuentan una tal Elisabeth (Leys) Schütz y una rica viuda de Francfort del Meno, a la que puso al frente de una casa de beguinaje en la ciudad natal de Matthias Grünewald, Aschaffenburg (Baja Franconia/Baviera). En algunos de los cuadros de Lucas Cranach el Viejo figuran Alberto de Brandemburgo, personificando a San Martín (obispo de Tours) y a San Erasmo (obispo) de Antioquía, y Leys a Santa Ursula.

Alberto, es justo mencionarlo, confundador, junto con su hermano, de la Universidad de Francfort del Oder, era asimismo un importante mecenas y promotor de las artes y la cultura del Renacimiento, aunque pese a su postura humanista no congeniaba con las ideas de Lutero (¿cómo iba a hacerlo y ver destruido el pingüe negocio de las Indulgencias, estrictamente a medias con el papa León X, Giovanni di Lorenzo di Medici? Por otra parte, tenía que pagar sus elevadas deudas con la banca Fugger, de Augsburgo, uno de cuyos representantes siempre acompañaba al dominico Tetzel para recaudar la parte correspondiente a las amortizaciones). Dicho sea de paso, Alberto de Brandemburgo era padrino y educador en su palacio de Halle/Sajonia-Anhalt de Mauricio de Sajonia, el príncipe elector que rivalizó con el emperador Carlos V (Carlos I de España) en la reforma del Sacro Imperio Romano Germánico, y quien, entre otras muchas actividades, fundó la célebre orquesta Sächsische Staatskapelle de Dresde que acaba de cumplir 469 años de vida. 

Con todos estos elementos reales juega Hindemith en su libreto y de forma sobresaliente, detallista la régie de Schulz en la puesta del magnífico escenario de Gelsenkirchen (vestuario de Renée Listerdal; iluminación de Patrick Fuchs; y dramaturgia de Gabriele Wiesmüller). Uno de los consejeros del cardenal, el predicador y teólogo alsaciano Wolfgang Capito (Koepfel, su verdadero apellido), sobriamente encarnado por el tenor Edward Lee, trataba sigilosamente de mediar entre Alberto de Brandemburgo y Lutero, pero sin éxito como es lógico pensar.

Pese a la trama tan compleja, Schulz y Baumann (desde el foso) mantienen la tensión de la ópera hasta el final. Todo el reparto funciona a las mil maravillas: el deán católico de la catedral de Mainz, Lorenz von Pommersfelden (idóneo en su papel el bajo Joachim Gabriel Maaß); la condesa Helfenstein de la contralto Almuth Herbst es impresionante; y el Sylvester von Schaumburg, un oficial de aquel ejército federado, de Tobias Glagau, muy convicente; así como el coro y el coro extra de la Neue Philharmonie Westfalen, excelentemente preparados por Alexander Eberle.

En la sala reina un segundo de silencio, es muy grande el impacto de la obra...hasta que el público reacciona, estalla en atronadores aplausos y estruendosas ovaciones por largos, casi interminables minutos. Fue verdaderamente una velada memorable para el Musiktheater im Revier de Gelsenkirchen y todo su elenco.

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