El Teatro Massimo, además de uno de los más bellos y grandes de Italia, tiene, como todos, altibajos en su trayectoria. Ahora parece estar en un buen momento, como parece sugerir esta misma representación. Sería conveniente para todos recordar y aplicar lo que está escrito en el frontispicio: “L’Arte rinnova i popoli e ne rivela la vita. Vano delle scene il diletto ove non miri a preparar l’avvenire” (El arte da nueva vida a los pueblos, cuya vida revela. Es vano el deleite si no tiene como objeto preparar el futuro).
Veamos. Aquí se han alternado dos repartos. He visto el segundo, menos internacional, más ‘italiano’, sin algún nombre altisonante (pocas veces garantía de la misma eficacia con que funciona –según- como señuelo de taquilla). Hemos tenido, incluso cuando no se esté completamente de acuerdo, una visión honesta, buena o muy…
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