En el marco pan-mediterráneo (nunca se sabe bien si es España, Francia o Italia) de la histórica producción escénica de Otto Schenk, musicalmente este Elisir d’amore no acabó de despegar. Andrea Carroll fue una Adina a medias entre las sopranos de coloratura y las líricas. Y fue un a medias que no resultó: como coloratura faltaron piruetas (sobre todo en la escena final) y como lírica faltó peso, tanto dramático como vocal. No hay grandes reproches que hacerle, pues cantó bien todo lo que intentó, pero acabamos sin saber de qué iba el personaje y con una presencia vocal indefinida.
Ofreció mayor intensidad Jinxu Xiahou como Nemorino, pero no pudo con “Una furtiva lagrima”. Es cierto que es un aria endiablada y expuesta (en el sentido de que nada se puede ocultar), pero desde el ataque quedó claro que a Xiahou le faltaba mucho más trabajo…
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