Al parecer en los últimos tiempos no tengo suerte con este título. Y eso que Viena parece ser un sitio de garantías straussianas. Pues no. Aunque por supuesto ha estado, relevante, la orquesta, sobresalientemente dirigida por Schneider, que es especialista en este repertorio y en Wagner, y que fue saludado a principio y final del espectáculo con la ovación más importante extendida por supuesto a la brillante orquesta.
Un director puede y debe preguntarse qué hacer con semejante masa orquestal, ese foso (¡ay!) y los cantantes que tiene en el escenario. Pero, claro, como todas sus hermanas, Salome rechaza timideces aunque no sutilezas y refinamientos, pero si hay desborde tiene que haberlo. Y Schneider hizo lo correcto pese a no tener grandes garantías desde el escenario.
Comentarios