Para contrarrestar la larga crítica anterior sobre este espectáculo, respecto del cual ni servidor ni el público parecen haber cambiado de idea en cuanto a calidad de la obra y tipo de realización escénica, y dado que la dirección -más controlada- siguió siendo excelente, así como el desempeño de los cuerpos estables del Teatro y los secundarios eran los mismos (algo diré, no obstante, al final), me ceñiré sólo a la labor de los protagonistas, que sí cambiaron.
Volpe es una joven y atractiva mezzosoprano, de color oscuro y buena dicción, y muy buena artista. Por fortuna quien encarnaba a la hija (Rosetta), Urru, parecía también más pequeña y más joven, y asimismo era una muy buena cantante, quizás algo más liviana que su colega del día anterior. Fue como en el caso anterior una pareja bien avenida.
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