Argentina

Andrea Chénier cerró la Temporada del Teatro Colón

Gustavo Gabriel Otero

miércoles, 20 de diciembre de 2017
Buenos Aires, sábado, 9 de diciembre de 2017. Teatro Colón. Umberto Giordano: Andrea Chénier. Ópera en cuatro actos. Libreto de Luigi Illica. Matías Cambiasso, dirección escénica. Emilio Basaldúa, escenografía. Eduardo Caldirola, supervisión de vestuario. Carlos Trunsky, coreografía. Rubén Conde, iluminación. Gustavo López Manzitti (Andrea Chénier), Daniela Tabernig (Maddalena di Coigny), Leonardo Estévez (Carlo Gérard), María Luján Mirabelli (la mulata Bersi), Vanesa Tomas (la condesa de Coigny), Alejandra Malvino (Madelon), Luis Gaeta (Mathieu), Mario De Salvo (Roucher), Gabriel Centeno (Incredibile), Ernesto Bauer (Fleville), Pablo Politzer (el Abate), Alejandro Meerapfel (Dumas), Víctor Castells (Fouquier Tinville y Mayordomo, Alejandro Spies (Schmidt). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro Estable: Miguel Martínez. Dirección musical: Mario Perusso

La gestación de esta nueva producción escénica del Colón de Andrea Chénier de Giordano sufrió una sorprendente cadena de cancelaciones e infortunios. A la renuncia del protagónico a cargo del tenor Marcelo Álvarez se sumaron luego el director musical, Donato Renzetti, que fue sustituido por Christian Badea, la de Anna Pirozzi (Maddalena) y la de Roberto Frontali (Gerard), todos ellos anunciados para las funciones de abono. En el curso del año se fueron notificando los cambios por medio de la página web y no por comunicados oficiales con las razones de las ausencias y el elenco original fue reemplazado por José Cura, María Pía Piscitelli y Fabián Veloz, respectivamente. 

Veinticuatro días antes del estreno la directora de escena prevista, la cineasta Lucrecia Martel, renunció al compromiso desde Los Ángeles, California, donde sorprendentemente se encontraba en lugar de estar ensayando en la Argentina. Aunque no hay demasiadas constancias que la cineasta haya trabajado alguna vez con el elenco o expuesto claramente cuáles eran sus ideas. Consecuentemente todo su equipo salió de la producción, lo que determinó una sustitución de emergencia con el coordinador general del escenario, Matías Cambiasso, junto a personal de la casa en todos los rubros visuales.

En las dos funciones extraordinarias se respetó tanto la dirección musical como el elenco totalmente nacional oportunamente anunciado, lo que determinó un mayor interés artístico para presenciar esta nómina por sobre el tan vapuleado elenco de las funciones de abono. El resultado no defraudó sino que hasta superó las expectativas por eso la cobertura de Mundoclasico.com intentando remediar lo que muchas veces es una flagrante injusticia: la falta de reseña de los elencos alternativos. 

Para los escasos días de preparación la puesta de Matías Cambiasso lució razonable. Resultó muy apegada a las indicaciones escénicas del libreto lo cual en los tiempos que corren resulta una decisión totalmente transgresora, aunque quizás faltaron más marcaciones actorales para los solistas principales que parecieron librados a su suerte. 

La funcional escenografía de Emilio Basaldúa con el uso de dos paredes y sus ventanas que se convierten luego en arcadas, lo que junto a rellanos, columnas y escaleras y el disco giratorio dan buen marco abstracto a las escenas. La mención de supervisión de vestuario indica, evidentemente, que ante el trance de sustituir el vestuario que debió diseñar Julio Suárez, Eduardo Caldirola seleccionó de los archivos del Colón los trajes de época que lucieron en buen estilo. La rutinaria iluminación de Rubén Conde y los pobres movimientos coreográficos trazados por Carlos Trunsky poco aportaron a esta puesta decorosa pero evidentemente de emergencia.

La concertación del veterano Mario Perusso siempre tuvo el necesario apoyo a los cantantes, sin desbordes y cuidando el balance entre el foso y la orquesta, la versión tuvo las dosis necesarias de sutileza, lirismo y pasión que la partitura demanda.

Gustavo López Manzitti compuso un ‘Andrea Chenier’ al cual no le faltó ninguna nota del registro, la voz se escucha en toda la sala sin inconvenientes y los tintes heroicos del personaje están garantizados. Intenso e involucrado desde el primer momento su ‘improvviso’ fue prueba de la calidad vocal y del permanente ascenso artístico del tenor argentino. Creíble y osado en el segundo acto se amalgamó a la perfección con la soprano mientras que electrizó por su intensidad en el ‘Sì, fu soldato’ del tercero. En el cuarto delineó con cuidado fraseo, agudo brillante e intencionalidad sin mácula su ‘Come un bel dí’ y nuevamente la intensidad dramática y la pasión desbordaron en el dúo final.  

Daniela Tabernig es una soprano de bello registro lírico que se atreve a más y que en esta ocasión no sólo no defraudó sino que brilló en un rol intenso y difícil que abordaba por primera vez. En el primer acto sus tintes líricos fueron excelentes para delinear a la joven, inconsciente y un poco soñadora Maddalena. En el segundo arrolló con su gran presencia escénica y una depuradísima línea de canto, su entrada ya como una mujer curtida por los sinsabores que le deparó la Revolución y con miedo a las consecuencias mostró que puede, también, brillar, en roles dramáticos. Descollante resultó en el dúo con Chénier por su caudal poderoso y una expresividad sin mácula.

En el tercero y cuarto, cuando el personaje evoluciona a una mujer sin miedos y dispuesta a todo por su gran amor, Tabernig mostró, sin dudas, su valía y su constante evolución técnica. En su gran aria ‘la mamma morta’ hizo un inteligente uso dramático del vibrato y de la intencionalidad poniendo en cada frase un hondo dramatismo que fue convincente y conmovedor. En el cuarto acto se conjugó de maravillas con Chenier para brindar un dúo pleno de arrebatadora pasión donde ambos cantantes no se guardaron nada y consiguieron la emoción del público. 

Leonardo Estévez fue un muy convincente Carlo Gérard que administró con eficacia sus recursos canoros para logar un resultado altamente encomiable. Su inicio fue cantado con expresividad y buen gusto. En el segundo acto pudo salir airoso del difícil concertante mientras que en el tercero fue vibrante en su arenga ‘Lacrime e sangue’, expresivo y vigoroso en ‘Nemico della patria’ y compenetrado y profundo en el resto de la obra. En un personaje de gran intervención en la obra y quizás con más aristas dramáticas y psicológicas de todos los protagonistas, Estévez logró sacar gran partido de todos estos claroscuros del personaje en su composición actoral. 

Emocionante Alejandra Malvino y su cuidada interpretación para encarar a la vieja Madelon, bien trabajada tanto en lo vocal como en lo actoral la Bersi de María Luján Mirabelli, un pequeño lujo el veterano Luis Gaeta como Mathieu, sin nada que objetar el Roucher de Mario de Salvo y en perfecto estilo el intrigante Incredibile de Gabriel Centeno mostrando, también, un solvente crecimiento artístico respecto a anteriores oportunidades.

Adecuado y profesional el resto del elenco en sus pequeños así como el Coro Estable que dirige Miguel Martínez, más sólido en los actos dos y tres que en el primero en el que se deslizaron algunas imperfecciones en las entradas.

En suma: un digno cierre del año lírico con un sólido elenco nacional de Andrea Chénier.

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.