Discos

A vueltas con Verdi

Raúl González Arévalo
viernes, 16 de marzo de 2018
Calleja: Verdi. Arias y dúos de ópera de Giuseppe Verdi (Aida, Il Trovatore, La forza del destino, Don Carlo, Otello). Joseph Calleja, tenor. Angela Gheorghiu, soprano. Vittorio Vitelli, barítono. Orquesta de la Comunitat Valenciana. Ramón Tebar, director. Un CD (DDD) de 65 minutos de duración. Grabado en el Palau de les Arts Reina Sofia de Valencia (España), en diciembre de 2016. DECCA 483 1539. Distribuidor en España: Universal.
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Decca sigue apostando sin prisa, pero sin pausa, por la estrella de Joseph Calleja. Hay que reconocer que, a pesar de tener un contrato en exclusiva con el sello británico, la mercadotecnia que rodea al tenor maltés no tiene la pompa y circunstancia de otros colegas, afortunadamente para todos. El primero para él, al que no presentan como liebre siendo gato.

Los álbumes se han sucedido con un ritmo más natural que comercial: Tenor Arias en 2004; The Golden Voice en 2006; The Maltese Tenor en 2011; y este Verdi Album grabado a finales de 2016. Es decir, sin exigencias de grabar por grabar y reflejando en el disco el repertorio de cada momento o las líneas maestras futuras.

Cualquiera que haya seguido mínimamente la carrera del maltés habrá observado que el intérprete ha dejado que su voz se desarrollara de manera natural y ahora presenta un instrumento con mayor cuerpo, más seguridad en el agudo y, sobre todo, un vibrato más asentado y natural que el incómodo trémolo caprino de los orígenes. En definitiva, se le escucha con más agrado. Además, sorprende gratamente la referencia estilística continua a un modelo de otros tiempos: si en los anteriores recitales Björling y el joven Di Stefano me venían a la cabeza, ahora el referente evidente es el gran Bergonzi. Y hace bien: no solo porque el italiano sigue siendo el ejemplo más perfecto de tenor verdiano por sentido del estilo y del fraseo, sino porque partiendo de una voz lírica abordó con perfección los papeles más spinto. Solo se frenó ante Otello.

Después de haber paseado Gabriele Adorno del Boccanegra por múltiples escenarios estaba claro que el Verdi más spinto estaba a la vuelta de la esquina. Y este disco no es sino la constatación. Pero no es necesariamente una confirmación: la escucha revela una mayor adecuación a unos papeles que a otros, que difícilmente encajarán de modo idóneo con su instrumento, por más que los aborde en el escenario. Calleja debe ser prudente si no quiere desgastar de forma prematura su instrumento. La evolución de Alagna, y de Carreras antes que él, debería servirle de aviso. Por más que el primero se haya atrevido con Radamès y hasta con Otello, y que el segundo brillara como Don Alvaro y fuera el general egipcio elegido por Karajan para el disco.

No cabe duda de que los papeles más líricos son los que le sientan mejor: Manrico y Don Carlo. El aria y la cabaletta del primero le muestran más que solvente, mesurado y matizado en “Ah! Si, ben mio…”, con arrojo en la “pira”, cuyo agudo final sostiene como pide la tradición. El infante español no se presenta con el aria de Fontainebleau sino con el dúo junto al marqués de Posa, “Dio che nell’alma infondere”, en el que la voz del tenor empasta a la perfección con la de Vittorio Vitelli. Ambos exhiben la complicidad y brío que el momento exige.

Ambos comparecen de nuevo en el dúo entre Don Alvaro y Don Carlo de La forza del destino. Aquí, como en el aria (“Oh, tu che in seno agli angeli”), se muestran más evidentes los límites del instrumento. No es un problema de fraseo, sino de espesor, en el centro y sobre todo en el grave. Los colores se buscan más oscuros de forma inteligente, conforme al momento dramático, pero no esconden la naturaleza esencialmente lírica del instrumento. Lo mismo ocurre con “Celeste Aida”, bien sostenida en estudio (culminando el si agudo final morendo, como prescribe la partitura), aunque un Radamès integral y en escena me plantea serias dudas.

La confirmación de las reservas llega con el Moro de Venecia. No tanto el dúo con Desdemona -una Gheorghiu más madura que con Alagna pero siempre en plena forma-, que podía haberse quedado en una curiosidad, como en su día hicieron Pavarotti y Sutherland; tampoco el dúo con Iago, afrontado con óptica similar al de Don Carlo. Me refiero más bien a las arias: “Dio! Mi potevi scagliar” y “Niun mi tema”. Como antojo discográfico tienen un pase, no exento de curiosidad. Como pretensión seria -y creo que eso es- le sitúa al filo de la navaja.

Ramón Tebar se está convirtiendo en un valor cada vez más seguro, como confirmaba en el reciente recital de Gregory Kunde (cuyo programa coincide parcialmente con el de Calleja) y revalida de nuevo en esta ocasión, al frente de la Orquesta de la Comunitata Valenciana, que muestra un excelente nivel.

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