Así llaman muchos al único título de Ponchielli que era hasta mediados del siglo pasado parte del repertorio más popular y hoy es poco menos que una novedad (de hecho, el público que colmaba la sala y no era solamente gente joven asistía por primera vez a una representación en vivo de la ópera, aunque antes de comenzar se haya oído un estentóreo ‘¡Viva Ponchielli!’). El hecho mismo de que los teatros del circuito de la Emilia-Romaña hayan unido sus fuerzas para ofrecer en total seis representaciones de la obra deja bien claro lo que hoy cuesta hacerla, y lo mejor posible.
Seguramente se ha salido de la empresa con la cabeza alta, más quizá que algún teatro de más ‘fuste’, ‘internacional’, etc., simplemente por haber calibrado bien los requisitos y, supongo, distribuido correctamente recursos claramente limitados.
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