Argentina

Faltó comicidad: La italiana en Argel en Buenos Aires

Gustavo Gabriel Otero

miércoles, 16 de mayo de 2018
Buenos Aires, viernes, 4 de mayo de 2018. Teatro Colón. Gioachino Rossini: La Italiana en Argel (L'Italiana in Algeri). Ópera en dos actos. Libreto de Angelo Anelli. Joan Anton Rechi, dirección escénica. Claudio Hanczyc, escenografía. Mercè Paloma, vestuario. Sebastián Marrero, iluminación. Coproducción del Teatro Colón con la Quincena Musical de San Sebastián y el Festival San Lorenzo del Escorial. Nancy Fabiola Herrera (Isabella), Nahuel Di Pierro (Mustafá), Xabier Anduaga (Lindoro), Damon Ploumis (Taddeo). Oriana Favaro (Elvira), Mariana Rewerski (Zulma), Luis Gaeta (Haly). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Director Musical: Antonello Allemandi
Rechi: La Italiana en Argel © Prensa Teatro Colón /Máximo Parpagnoli, 2018

Quizás no sea la mejor opción de programación para un teatro lírico que ofrece en su cartelera escasos siete títulos, atarse a la celebración de aniversarios de los compositores o las obras. La pobre oferta de este año del Teatro Colón incluye un estreno reprogramado del año anterior (Tres hermanas de Eötvös) y tres óperas a modo de homenaje: La italiana en Argel por los 150 años del fallecimiento de Rossini, Aida de Verdi a 110 años de la inauguración de la sala del Colón con esta obra y Peléas et Mélisande a cien años del fallecimiento de Debussy; a los que se suman una nueva Bohème, la vuelta de Norma y la producción invitada de Tristán e Isolda importada en forma integral desde la Sttatsoper de Berlín con la orquesta Staatskapelle y la batuta de Barenboim y sólo el concurso del coro local.

En el caso de este homenaje a Rossini no se recurrió, afortunadamente, a las dos obras que habitualmente pueblan la cartelera del Colón, o sea Barbero de Sevilla y Cenerentola -por otra parte las dos primeras óperas completas que conoció Buenos Aires en octubre de 1825 y mayo de 1826 respectivamente- sino a L’Italiana in Algeri menos trillada en la sala de la calle Libertad -dónde se ofreció por última vez en 1994- pero cantada últimamente en Buenos Aires tanto en 2003 como en 2008 y en La Plata en mayo de 2014. Continúan en lista de espera las óperas serias del compositor de Pesaro.

Atento los resultados el homenaje resultó pálido con una puesta cuyo mayor pecado fue el tedio y una versión musical y vocal prolija, pareja y ajustada pero sin demasiadas aristas de excelencia.

La nueva producción escénica, esfuerzo conjunto del Colón con la Quincena Musical de San Sebastián y el Festival de San Lorenzo del Escorial, lució suntuosa pero falló en lo principal o sea en la comicidad. La reiteración de recursos y de ideas bordeó permanentemente el grotesco y la sucesión de cuadros plenos de brillo por el dorado casi omnipresente no molestó pero no aportó absolutamente nada. 

Al entrar en la sala el espectador se encontró con un telón con vagas reminiscencias árabes y la leyenda Casinò d'Algerie, a la derecha con tres faroles del mismo estilo y a la izquierda con la efigie de un camello sonriente. Al sonar la obertura el camello balanceaba su cuello y guiñaba un ojo; recurso naif que quizás por lo ridículo terminó resultando como lo más gracioso de la puesta.

Joan Anton Rechi en la dirección escénica ambientó la obra vagamente entre las dos Guerras Mundiales en un Casino en Argelia con espectáculos de Revista, donde cada escena imitaba un cuadro de ese espectáculo dentro del espectáculo, así desfilaron danzas, momentos solistas con el tenor con un micrófono como si fuera el cantante principal de ese espectáculo revisteril, una clase de gimnasia, uso de teléfonos o el supuesto toque de color con la llegada de Isabella en automóvil vestida como una bucanera y con un séquito, también, de bucaneros.

La idea general en sí no pareció a priori desacertada pero la concreción de la misma intentando que toda la comicidad pase por unas sirvientas que se desmayan en todo momento y por un grupo de varones con barba disfrazados de mujeres y con zapatillas de danza clásica que se mueven constantemente en el escenario, duplican las acciones o danzan sin un objetivo claro, no condujo a la comicidad sino al aburrimiento. 

Bien pensada para el concepto de la puesta la escenografía simétrica de Claudio Hanczyc con una bóveda reticulada como elemento principal, a la que se adicionan según los casos mesas, sillas, un cubículo hexagonal de metal dorado, un trono móvil y telones dorados que suben y bajan incesantemente. Pleno de brillos, de lamé y de plumas el vestuario diseñado por Mercè Paloma sin ningún rasgo musulmán, salvo en Elvira y Zulma, con trajes de etiqueta para los varones, disfraces dorados de mujer para los eunucos del harén, mucamas a la usanza occidental y los ya comentados bucaneros más los cocineros italianos en la escena de pappataci. En estilo con el concepto general la iluminación de Sebastián Marrero.

Antonello Allemandi condujo a la Orquesta Estable con pericia, tiempos en general adecuados, aunque en algunos momentos un poco lentos y buen balance entre el foso y la escena. Correcto el Coro Estable, que prepara Miguel Martínez, en sus breves intervenciones.

Nancy Fabiola Herrera como ‘Isabella’ no defraudó pero desafortunadamente no brilló. Se desempeñó con ajustada corrección y profesionalismo pero nunca logró ser el centro de la acción tanto vocal como actoral como corresponde al protagónico de esta obra. Es indudable que sus compromisos canoros de los últimos tiempos con un sinnúmero de funciones de Carmen de Bizet, sumados a Dalila, Éboli o Fenena la han alejado de las coloraturas rossinianas y en ellas fue donde radicó su mayor dificultad. No obstante su fraseo es distinguido y su color vocal atrayente.

El argentino Nahuel Di Pierro fue un 'Mustafá' de perfecta actuación y muy buen nivel vocal, se advierte su constante crecimiento artístico y su seguridad y aplomo como artista conquistados en una más que interesante carrera europea. 

El joven tenor vasco Xabier Anduaga (Lindoro) mostró excelentes condiciones vocales, grata estampa, registro parejo aunque un poco metálico, buenas coloraturas y agudo seguro.

Sin dudas Di Pierro y Anduaga fueron los dos puntos más altos de la noche.

Buen desempeño sin más el de Damon Ploumis como 'Taddeo' mientras que Luis Gaeta (Haly) aportó veteranía vocal y ductilidad actoral.

Ajustadas y solventes las intervenciones de Oriana Favaro (Elvira) y Mariana Rewerski (Zulma) quienes aportaron gracia y belleza a una puesta con mucho brillo pero sin sustancia.

En suma: Una ‘Italiana en Argel’ que no hará historia, de adecuado nivel general y poca comicidad.

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