Artes plásticas y exposiciones

Bajo el signo de los dioses

Juan Carlos Tellechea

jueves, 31 de mayo de 2018
Nazca, bajo el signo de los dioses © 2018 by Bundeskunsthalle Bonn

Nazca (también Nasca), la cultura del Antiguo Perú que se extendió entre el 200 aC y el 650 dC en los valles del sur de ese país, sin dejar escritura, sino enigmáticos e impresionantes geoglifos en el desierto (Patrimonio de la Humanidad, de la UNESCO), así como exquisitas cerámicas polícromas, máscaras de oro, instrumentos musicales y finísimas telas, es objeto de una no menos sensacional exposición que tiene lugar en el Centro de Arte y Exposiciones de Alemania (Bundeskunsthalle), en Bonn.

La muestra, titulada Nasca, im Zeichen der Götter-Archäologische Entdeckungen aus der Wüste Perus (Nazca, bajo el signo de los dioses-Descubrimientos arqueológicos del desierto de Perú) ---que va desde el 10 de mayo al 16 de septiembre y se espera atraiga a decenas de miles de visitantes, no solo de Alemania, sino también de países vecinos--- reúne alrededor de 200 piezas y se realiza en estrecha cooperación con el Museo de Arte de Lima y el Museo Rietberg, de Zúrich (Suiza), con el asesoramiento científico de los experimentados arqueólogos Johny Isla (director del Instituto Andino de Arqueología) y Markus Reindel (jefe del área de América del Instituto Arqueológico Alemán).

Se sabe muy poco, a ciencia cierta, sobre cómo funcionaba exactamente aquella civilización eminentemente agrícola: las conclusiones (y deducciones) provisionales de los expertos sobre su estilo de vida, trabajo, arte, música y sus ritos religiosos y guerreros son el fruto de pacientes y extensas investigaciones multidisciplinarias que deberán ser continuadas y profundizadas a largo plazo todavía, coinciden los comisarios de la exhibición, la peruana Cecilia Pardo y el arqueólogo suizo Peter Fux. Fue el académico alemán Max Uhle (1856-1944), quien a comienzos del siglo XX (1901) emprendió los primeros estudios científico-arqueológicos sistemáticos en la costa meridional de Perú, señalan.

A través de las excavaciones arqueológicas en la región se ha podido constatar que la hazaña de la cultura nazquense al haber sobrevivido en aquel desértico entorno se debe a una organización socio-política compleja, al dominio de la ingeniería hidráulica (con una red de acueductos subterráneos, canales de irrigación, puquios, todavía hoy en uso; y pozos) y a las avanzadas técnicas que poseían en la agricultura intensiva y en la cría de ganado, así como al desarrollo de diferentes formas artísticas con las que alcanzaron un muy alto nivel. Nazca o nasca deriva de la palabra quechua nannian que significa sufrimiento, algo así como la efigie del dolor que seguramente debieron afrontar sus pobladores bajo aquellas condiciones.

El abastecimiento permanente de agua a los terrenos de cultivo, permitió a los campesinos desarrollar una agricultura sólida para producir maíz, frijoles, calabazas, zapallos, yuca, maní, ají, guayaba, lúcuma, pacae y algodón. Con algodón y lana de camélidos (llamas, alpacas y vicuñas) confeccionaban sus tejidos (utilizados asimismo en fardos funerarios) y vestimentas. Por los esqueletos humanos y dentaduras analizados, los científicos deducen que los nazcas gozaban de un nivel de vida relativamente bueno, en comparación con otras poblaciones preincaicas y prehispánicas de los Andes peruanos. Pero el ocaso de su cultura sobrevino en el 600 dC y estuvo relacionado seguramente con cambios climáticos en la región. Las investigaciones apuntan a que en aquel entonces se produjo un período de sequía muy prolongado que llevó a una gran escasez de agua y a que sus habitantes abandonaran definitivamente la región.

Me siento muy orgulloso de presentar esta gran exposición etnográfica (…) que reune objetos de arte que no hubieran podido llegar hasta nuestros días en tan buen estado de conservación de no haber sido por el clima extremadamente seco de su territorio, señaló el intendente (director general) de la Bundeskunsthalle, el neerlandés Rein Wolfs, en la rueda de prensa previa a la inauguración. Por su parte, el presidente del Museo de Arte de Lima, Juan Carlos Verme, destacó la importacia de la cooperación entre su institución, que alberga el arte de Perú de los últimos 3.000 años, y las entidades de Suiza y Alemania con las que aspira a intensificar esta fructífera labor conjunta en el futuro.

Causa asombro y admiración hasta hoy la bellísima cerámica nazca, decorada con figuras antropomorfas, zoomorfas y fitomorfas, la más lograda del Antiguo Perú, por su calidad y variedad. Sus creadores no conocían el torno, sino el plato giratorio de alfarero sobre los que formaban las vasijas por la técnica de rollos o por la técnica de placas, explica el arqueólogo alemán Markus Reindel. El perfecto dominio de estos métodos acusa otra peculiaridad sumamente interesante: antes, y no después, de la cocción pintaban o decoraban toda su superficie. Los motivos destacan por su colorido y complejidad; utilizaban hasta 11 gradaciones de color en una sola pieza, y se valían de 190 matices diferentes.

Sorprendentes son asimismo las antaras (o andaritas) de cerámica de Nazca con ocho, nueve, diez u once notas (escalas cromáticas) que superan a los demás instrumentos musicales de la América precolombina. En las tumbas fueron hallados asimismo quenas, trompetas, bombos y tambores de barro cocido decorados muy artísticamente con escenas mitológicas y de animales estilizados y policromados. Muchas veces los instrumentos tenían formas antropomorfas y zoomorfas (verbigracia, cabezas humanas y de animales). Una de las figuras pintadas sobre un bombo, hallado en un sepulcro, parece levitar como un espíritu, lleva máscara y una diadema sobre su cabeza.

En el caso de los tambores, el parche era colocado en la parte inferior y se los hacía sonar poniéndolos de costado. El destacado musicólogo, compositor y director de orquesta peruano Miguel Oblitas Bustamante (Nasca, región de Ica, 1964) escribió muchas de sus obras con las diversas escalas de la Nazca milenaria como la sinfonía coral Las Pampas de Nasca (1984-1991) y Danza Nasca, para piano u órgano (1991).

Según el investigador suizo Peter Fux se desconoce aún cómo cocían las nasqueños esos objetos de barro, algunos de ellos de enorme tamaño expuestos en Bonn; presumiblemente lo habrían hecho en hoyos cavados en la tierra y con fuego de brasas, como en el neolítico. Otra notable singularidad es el denominado horror al vacío de los ceramistas que no dejaban ningún espacio sin pintar o decorar en sus piezas, ya sea con elementos de la vida cotidiana, como flores, frutos, animales, entre ellos aves e insectos, así como figuras mitológicas que combinaban con atributos humanos y animales.

El cántaro globular con dos picos o vertederos y con asa-puente es la forma más típica de esas vasijas. Este esquema básico que dominaban aquellos artistas a la perfección, lo empleaban con gran creatividad en una infinidad de variantes (cuerpos de diferentes aspectos y tubos más cortos o más largos). Su lenguaje pictórico es aquí más facil de entender; una botella con dos vertederos, tiene forma de cuy; una vasija con asa, se asemeja a un pájaro; un jarrón estrecho, imita a una planta de maíz.

Como vivían frente a un riquísimo mar (el océano Pacífico, vaya uno a saber cómo lo habrían llamado entonces), cuyos abundantes frutos aprovechaban mediante la pesca y el marisqueo, su relación se evidencia en muchas de las decoraciones que aplicaban a su cerámica. No solo aparecen íconos marinos, como la ballena, sino también representaciones de esas faenas de captura. Fabricaban asimismo utensilios doméstico mundanos de uso cotidiano, como ollas esféricas, tazas y vasos. Se cree también que la caza debe haber sido una práctica económica complementaria.

Otra de las grandes atracciones presentadas en esta muestra del Centro de Arte y Exposiciones de Alemania son los textiles nazquenses que se caracterizan por la variedad de las técnicas empleadas y la complejidad de sus diseños. Los aquí exhibidos fueron utilizados por aquellos pueblos para envolver los cuerpos momificados de sus muertos (representantes de sus élites). Los nazcas fueron herederos de la cultura Topará (llamada antes de Paracas-Necrópolis) en lo referido a la confección de finísimos mantos o telas, aunque no lograron la misma calidad ni la suntuosidad de sus acabados alcanzados por aquella.

Para elaborar los tejidos, utilizaron algodón y lana de camélidos y dominaron las técnicas de embrocado, tapicería, gasa, telas pintadas, tejido tridimensional y bordados, éstos particularmente notables. Sobre las telas de algodón pintadas o teñidas bordaban figuras geométricas, antropomorfas, zoomorfas y fitomorfas con lana de camélidos teñidas con variados colores que incluso vistas hoy nos resultan atemporales y modernas. Estos fantásticos diseños fueron incluso trasladados por los ceramistas a la superficie de sus vasijas.

Los nazcas (a decir verdad, tampoco sabemos cómo se denominaban ellos a sí mismos) conocían los metales, pero sus técnicas no estaban tan desarrolladas, comparadas con las de las culturas coetáneas del norte peruano, Los comienzos de la metalurgia en la costa meridional datan de entre el 800 y el 200 aC, en la época de sus ancestros, la cultura de Paracas, con el predominio de trabajos sencillos en láminas de oro para usos ceremoniales o religiosos.

Los análisis mitocondriales de DNA han constatado una estrecha relación mutua entre estos grupos humanos, todos lejanos descendientes de aquellas corrientes migratorias provenientes de Asia que llegaron a América a través del estrecho de Bering en la última glaciación hace unos 14.000 años, según las teorías más aceptadas. Aunque, ningún científico se atreve todavía a afirmar desde qué lugar preciso de aquel continente procedían estos primeros pobladores americanos.

Misteriosas son asimismo las más de 10.000 líneas grabadas por los nazcas en el desierto y que fueron medidas y analizadas sistemáticamente por primera vez en 1926 por la matemática, geógrafa, física y excepcional científica alemana Maria Reiche (Dresde, 1903-Lima, 1998) de cuyo nacimiento se cumplieron 115 años el pasado 15 de mayo-- quien se dedicó durante 40 años a su estudio y conservación. Los geoglifos que cubren un área de 350 kilómetros cuadrados sobre las pampas de Jumana, Ingenio, San José y Socos, entre Nasca y Palpa, al norte del asentamiento de Cahuachi (que fue un centro ceremonial religioso) son la expresión artística más conspicua de este grupo humano. Asombra la precisión con la que fueron ejecutados y su pertinacia ante la erosión del tiempo (gracias a las escasas lluvias y baja humedad de la región).

Aquí también fueron retratadas figuras antropomorfas, zoomorfas y fitomorfas, pero también amorfas, asociadas a líneas rectas de varios kilómetros de longitud que forman algo así como 40 plazoletas con diversas figuras geométricas (triángulos, trapecios). Entre los mayores dibujos figuran el Mono (90 metros), el Lagarto (180), el Pelícano y el Cóndor (de 135 cada uno), pero también el Colibrí y el Hombre-Lechuza. Para la muestra de Bonn, se ha sobrevolado y fotografiado el terreno con drones para obtener imágenes que el público pueda apreciar virtualmente y en tercera dimensión con anteojos especiales.

Mucho se ha escrito y se ha dicho (charlatanería fantasiosa pretendidamente esotérica mediante) sobre el significado de estos galimatías geoglíficos, pero las teorías más serias las adjudican a un presunto calendario, resultado de observaciones astronómicas, o a la práctica de ritos sagrados, para los cuales se dispuso de un gran escenario en el que las líneas serían caminos que conducían a los adoratorios y las imágenes estarían destinadas a agradar a los dioses.

Según algunos recientes hallazgos y estudios, estas líneas (que solo pueden ser vistas desde cierta altura) labradas por más de una civilización y en momentos históricos diferentes, cumplían asimismo una función integradora entre la costa y la sierra y eran epicentros de los rituales de Nazca y de culturas circundantes. Dicho sea al margen, los dibujos nazqueños no son los únicos en Perú; los hay en otros 20 lugares entre Saña (al norte) y Tacna (al sur). Sin embargo ninguno iguala en enormidad, precisión y abundancia a los de Nazca.

Los nazcas practicaban sacrificios humanos en rituales religiosos o en ceremonias bélicas y momificaban las cabezas de las personas muertas, adornándolas y tejiéndolas, para hacer sus ritos, como una ofrenda a sus divinidades (del mar, cielo, tierra, fuego, agua, viento y al Dios creador omnimodo y ubicuo). Gran parte de sus construcciones y creaciones estaban dedicadas a estas deidades para que no hubiera sequías y sus canales siguieran funcionando.

La práctica de las cabezas-trofeo (personas decapitadas, presuntamente vinculadas a contextos bélicos), tuvo su origen en las culturas de Chavín (vecina septentrional) y de Paracas, pero bajo los nazcas alcanzó gran difusión y fue profusamente representada en su cerámica. El hallazgo asimismo de cabezas de niños y mujeres no parece estar vinculado a esos ritos marciales, sino más bien al culto de la fertilidad.

El adobe (tanto el de forma cónica como el destinado a paredes de quincha) era el principal material de construcción utilizado en la arquitectura de Nazca. El complejo arqueológico de Cahuachi, a orillas del Río Grande, alberga un templo de corte piramidal de terrazas superpuestas y un palacio que se supone era ocupado por jefes guerreros (la de Nazca y la de Paracas fueron asimismo culturas militares). Aún sin haber alcanzado conocimientos exhaustivos se podrían escribir y se han escrito ya enciclopedias enteras sobre estos grupos humanos prehistóricos que en su contacto con los asentamientos del altiplano peruano desarrollaron posteriormente la denominada cultura Huari.

Los nazcas aparentemente nunca tuvieron una capital ni un gobierno central. Al tope de la pirámide social se encontraban las autoridades, constituidas por señores y sacerdotes. Éstos organizaban el trabajo comunitario y dirigían los complejos ritos ceremoniales. La élite vivía en edificios piramidales, cuyas habitaciones estaban construidas con adobe y sus muros cubiertos con yeso o cal para tapar las grietas. Una gran cantidad de artesanos especializados (ceramistas, tejedores, astrólogos, músicos y soldados) estaban a su servicio y vivían en pequeñas ciudades y centros ceremoniales como el de Cahuachi. Especialmente los guerreros formaban una clase social muy respetada y temida. En la base de la sociedad se hallaban los agricultores y pescadores dispersos por todo su territorio y tramos de costa. Los campesinos poseían la totalidad de los valles y así pudieron desarrollar la agricultura con más espacio y terreno fértil.

Para los estudiosos como el arqueólogo Markus Reindel, lo más fascinante de la cultura Nazca es la capacidad intelectual que tuvieron aquellos seres humanos para integrar en su entorno social a ese medio ambiente estéril y desértico y transformarlo en un paisaje ritual. Los dioses fueron una especie de hados que trajeron el agua a su región. Su religión gira alrededor de ese elemento vital. Esta conexión entre el mundo de las deidades y la vida real fue fundamental en su cultura. De acuerdo con sus creencias, las montañas y los árboles tienen alma, y el agua no solo es un elemento físico, sino que alberga también a un espíritu.

La vida y los Hombres forman parte de esa naturaleza y los dioses son influenciables con ofrendas, rituales y oraciones. Un carácter específico de la cultura Nazca y de su fe es el de crear las condiciones para incursionar en el mundo espiritual, bajo la forma de prácticas chamanísticas. Estos ejercicios, uno de cuyos elementos es el de la reencarnación, comprenden la ingestión de alcaloides con propiedades alucinógenos o psicodélicas, como la mescalina (extraída de cactáceas), 2-(3,4,5-trimetoxifenil)etanamina, también conocida como 3,4,5-trimetoxi-β-feniletilamina, con efectos enteógenos (que tiene un dios dentro) para entrar en trance. Dicho sea al margen también, son drogas con aplicaciones médicas aún hoy en los campos de la psicología y de la psiquiatría, así como en la investigación molecular de los mecanismos etiológicos de la esquizofrenia.

En aquel entonces se creía que el alma de un sacerdote podía transformarse en un animal. Estos aspectos, representados por figuras levitando o volando, se los puede observar en la iconografía de la cerámica nazquense, en la que siempre aparece esa mezcla entre seres humanos y animales.

El desarrollo de la cerámica fue seguramente anterior al de los geoglifos y en éstos se encuentran motivos tomados de las vasijas polícromas. De esta manera es posible seguir muy bien la evolución de las líneas. La comparación estílistica continúa siendo muy importante, ya que las dataciones precisas son todavía muy difíciles, pero las investigaciones de los pasados años permitieron ciertos avances, debido a que los arqueólogos han podido realizar excavaciones en las mismas ringleras de los geoglifos. Allí se encontraron edificios con materiales orgánicos que pudieron ser fechados por procedimientos científicos.

Estas marcas tienen su origen en la cultura de Paracas, alrededor del 600 aC, época de la que datan unos petroglifos, cuyos motivos fueron trasladados al suelo. De esas representaciones artísticas figurativas de la civilización de Paracas se desarrollaron más tarde los geoglifos de Nazca. Pero, a diferencia de los dibujos de Paracas que siempre se encuentran en las laderas de las montañas, los de Nazca se hallan en las mesetas y son mucho más grandes, en parte de varios kilómetros de extensión.

La ciencia se encuentra casi en pañales todavía sobre el análisis de esas imágenes. La figura central y la más importante, representada una y otra vez, y que parece ser la divinidad suprema, es la que los expertos llaman ahora a secas el ser mítico-antropomorfo de los nazcas, antes considerado como un dios gato, porque en sus representaciones resaltaban los atributos propios de los felinos, como vibrisas (bigotes) y garras, nombre que se ha dejado de utilizar por los investigadores.

Entre los planes de corto y mediano plazo de las autoridades peruanas figura el desarrollo, con ayuda internacional (entre otros países, de Alemania), de una infraestructura en Nasca (con museo incluido) que permita incrementar el caudal turístico hacia la región sin destruir sus preciosos tesoros y continuar las investigaciones. Los responsables del Museo de Arte de Lima, según nos han confiado, mantienen conversaciones con instituciones españolas en estos precisos momentos, para llevar después de septiembre la exposición a Madrid.

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