Única ópera de Rossini que el compositor jamás vio, estrenada con una única representación ocho años luego del encargo privado y composición para una diva no identificada activa en Lisboa, sin obertura ante el furor del patrocinante, pero Rossini dijo que no estaba en el contrato, escrita con colaboradores, última farsa en un acto de las del tipo que lo dieron a conocer al principio de su carrera en Venecia, los títulos de esta Adina no parecen excesivos. Y no lo son. Es una ‘operina’, un tanto ñoña como las típicas ‘turquerías’ de la época, sin ningún ‘personaje’: amantes separados se reencuentran (ella cree que él ha muerto) cuando la ‘infiel’ está por casarse con el califa de turno, que tiene un consejero muy suspicaz, así como el joven reaparecido tiene un servidor muy temeroso pero obediente. Cuando los descubren intentando escapar…
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