Discos

Desconcertante debut discográfico

Raúl González Arévalo

miércoles, 14 de noviembre de 2018
Nadine Sierra: There’s A Place For Us. Arias y canciones de Bernstein (“Somewhere” de West Side Story; “A Julia de Burgos” de Songfest; “Take Care of This House” de 1600 Pennyslvania Avenue; “Glitter and Be Gay” de Candide), Villa-Lobos (“Ária (Cantinela)” de Bachianas Brasileiras Nº 5; “Cançao de amor” y “Melodía sentimental” de Floresta do Amazonas), Gordon (“Stars” de Only Heaven; “Will There Really Be A ‘Morning’”), Theofanidis (Aria de Maia, de The Cows of Apollo), Foster (“Jennie With the Light Brown Hair”), Golijov (“Lúa Descolorida”) y Stravinski (“No Word From Tom” de The Rake’s Progress). Nadine Sierra, soprano. Royal Philarmonic Orchestra. Robert Spano, director. Un CD (DDD) de 66 minutos de duración. Grabado en los Angel Recording Studios de Londres (Reino Unido), en octubre de 2017. DEUTSCHE GRAMMOPHON 483 5004. Distribuidor en España: Universal

Qué difícil escoger el programa para presentarse con el primer álbum en solitario. Nadine Sierra ha obtenido críticas favorables en sus encarnaciones de Norina de Don Pasquale, Pamina de La flauta mágica, y sobre todo como Gilda de Rigoletto, que se adaptan bien a su registro de soprano lírico-ligera, con los que la cantante americana ha llamado la atención por la calidad de su canto. Pero, si de una parte es cierto que podría haber confeccionado una selección con arias clásicas de ese repertorio, también lo es que resulta particularmente complicado decir algo nuevo, sobre todo si se cuenta con un timbre bello pero no excesivamente individual, y una personalidad artística que no imprime huella. De modo que para decir algo novedoso -y evitar comparaciones- el repertorio menos transitado se presentaba como la mejor alternativa. 

Haciendo valer su origen estadounidense y sus raíces iberoamericanas, se ha elegido un programa a base de compositores americanos -salvo Stravinski, que se nacionalizó- que escribieron en inglés, español y portugués. Pero frente a compositores de ópera norteamericanos contemporáneos, y hay unos cuantos entre los que elegir, se ha optado por el aria de Anne de The Rake’s Progress, otra aria de Theofanidis, seguido por Bernstein con cuatro piezas (tres musicales y una opereta) y canciones de Villa-Lobos, Gordon, Golijov, y Foster. No deja de ser una selección un tanto extraña si tenemos en cuenta que Gordon y Golijov también han estrenado óperas. Por otra parte, salvo el origen americano de todos ellos, me resulta imposible encontrar un hilo conductor que articule el discurso musical. Bien es cierto que la simple elección personal también es un criterio, pero se corre el riesgo de que el resultado final resulte errático, un batiburrillo de piezas sin conexión entre sí. La originalidad no es un valor por sí mismo si el interés musical de las obras no es homogéneo.  

Por otra parte, la disparidad de estilos exige una versatilidad que la soprano, quizá demasiado joven, no termina de demostrar. De hecho, hay una uniformidad en el acercamiento, excesivamente operístico (¿por qué no escoger entonces piezas de ópera?) que a la postre resulta no solo monótono, sino que pone de relieve las limitaciones expresivas de la intérprete. Por coger algunos de los números más famosos y grabados, si como Anne resulta más adecuada -también lo da el contexto lírico-, en el Ária o Cantinela de Villa-Lobos hay demasiado artificio. No le vendría mal escuchar la sencillez que le imprimía Victoria de los Ángeles y tomarla como modelo. Si nos vamos a Bernstein, que es puro teatro musical, de nuevo Somewhere resulta demasiado lírica. Pero, sobre todo, al margen de la estridencia del registro sobreagudo, Sierra es incapaz de transmitir toda la ironía que encierra Glitter and Be Gay, en la que la gloriosa June Anderson (creadora de la pieza) o la estratosférica Natalie Dessay desplegaban todo el histrionismo que requiere el aria. 

En definitiva, la soprano, con un bagaje técnico a buen seguro importante, a la intérprete le falta fantasía y versatilidad, de modo que parece un tanto prematuro haber sacado un recital con una compañía tan importante como Deutsche Grammophon. Esperemos que tenga tiempo para desarrollar su potencial y no se convierta en otra promesa que murió crisálida. 

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