Argentina

Triunfo de las voces femeninas en Norma

Gustavo Gabriel Otero

martes, 11 de diciembre de 2018
Buenos Aires, miércoles, 5 de diciembre de 2018. Teatro Colón. Vincenzo Bellini: Norma. Ópera en dos actos. Libreto de Felice Romani. Mario Pontiggia, dirección escénica. Enrique Dartiguepeyrou y Claudia Bottazzini, escenografía. Aníbal Lápiz, vestuario. Matías Otálora, vídeo. Rubén Conde, iluminación. Anna Pirozzi (Norma), Fernando Radó (Oroveso), Annalisa Stroppa (Adalgisa), Héctor Sandoval (Pollione), Guadalupe Barrientos (Clotilde), Santiago Bürgi (Flavio). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Director musical: Renato Palumbo. Clausura de la Temporada Lírica 2018
Pontiggia: Norma © Máximo Parpagnoli, 2018

Con una nueva producción escénica de Norma de Bellini -la quinta en los últimos cincuenta años- el Teatro Colón cerró su Temporada Lírica Oficial 2018. Para un título amado por el público son pocas las veces que la sacerdotisa gala ha subido al escenario de la porteña calle Libertad: en medio siglo una vez cada diez años. Joan Sutherland en 1969, Adelaida Negri en 1985, Lucía Aliberti en 1995 y June Andreson / María Pía Piscitelli en 2001 le dieron vida a uno de los roles más complejos y difíciles de la lírica italiana del siglo XIX. 

Sorprendentemente el Teatro Colón pudo ofrecer en su escenario para esta nueva producción de Norma un elenco femenino que se acercó a la excelencia y que hace olvidar los vaivenes contemporáneos en cuanto a calidad de las nóminas que sufren las Temporadas Líricas del primer Coliseo de la Argentina y hasta relegar el glorioso pasado del último medio siglo.

Sin dudas la efectiva puesta en escena y la conocedora batuta del maestro Renato Palumbo, más la excelencia de las dos artistas italianas convocadas -Anna Pirozzi y Annalisa Stroppa-, redundaron en un espectáculo de alta calidad. 

La versión visual contó con soberbios telones pintados, fruto de las ideas de Enrique Dartiguepeyrou y Claudia Bottazzini, que fueron realizados con maestría por los talleres del Colón. Así pasaron el bosque sagrado con un muy creativo diseño y la luna que aparece en vídeo proyección, en interno lujoso y otro más sencillo para las habitaciones de Norma y otro claro en el bosque para el final.

El exquisito vestuario firmado por Aníbal Lápiz, pleno de telas livianas para las sacerdotisas, impactantes capas para la protagonista, acertada gama de colores para los galos y buena estilización para ambos romanos, sirvió de impactante marco. Fue correcta la iluminación de Rubén Conde.

Mario Pontiggia como director escénico -convocado para reemplazar a Stefano Viziolli- trabajó con la escenografía y vestuario preparados para el director italiano pero ello no fue óbice para encarar un trabajo de gran nivel, con amplio conocimiento de la obra y de acertada tradición aunque sin una visión anquilosada o anticuada. O sea, tradicional pero no vetusta. 

En el manejo de las masas, el director argentino de larga carrera europea, buscó simetrías que emparentan a Norma con la tragedia griega -es bastante clara la relación con la tragedia de Medea- con absoluta precisión y perfección. Mientras que las marcaciones de los solistas fue resuelta también a la manera de una tragedia griega pero dejando actuar y cantar con comodidad sin movimientos bruscos o antinaturales pero a la vez sin estatismos. 

Renato Palumbo concertó con eficacia siendo perfecto apoyo de los solistas pero a la vez encontrando matices orquestales para dar realce a la partitura belliniana. Un trabajo prolijo y de calidad con verdadero nervio italiano y perfección estilística.

La soprano Anna Pirozzi deslumbró como una Norma segura y expresiva. La excelencia de su prestación permitió demostrar su compenetración, la belleza de su timbre, su volumen, su dominio técnico y estilístico, el manejo adecuado de las agilidades, su línea de canto inmaculada y las sutilezas interpretativas.

La mezzosoprano Annalisa Stroppa -quien debutó en agosto de 2012 en el Colón como Cherubino de I due Figaro de Mercadante y había dejado un grato recuerdo- fue una Adalgisa de perfectos acentos. Su color vocal atrayente, su vocalidad sin mácula, su perfecto fraseo y la perfección de las agilidades y coloraturas, sumados a su eficacia actoral la posicionaron como la segunda estrella de la noche.

Para concluir con el elenco femenino, Guadalupe Barrientos fue un verdadero lujo para el pequeño rol de Clotilde. 

El tenor mexicano Héctor Sandoval aportó volumen y rusticidad a su Pollione. No defrauda, ya que cumple con las exigencias de la partitura, pero queda opacado por Norma y Adalgisa tanto en la calidad vocal como en la sutileza del canto. Ante el verdadero festival de claroscuros, pianísimos, potencia y calidad de las dos mujeres, Sandoval sólo puede poner de manifiesto corrección y profesionalismo, demasiado poco frente a Pirozzi y Stroppa.

Fernando Radó encarnó a Oroveso con su acostumbrada calidad y Santiago Bürgi interpretó a Flavio con emisión sana que contrastó notablemente con la del tenor principal.

El Coro Estable se desempeñó con la profesionalidad de siempre, logrando gran impacto en las escenas de conjunto. 

En suma: una muy buena versión de Norma con el triunfo de las voces femeninas. 

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