La jornada prometía ser intensa. Después de un buen desayuno a base de croissant, jamón, queso y zumo me perdí por las calles de Toulouse con la intención de visualizar mentalmente cómo fue en el s. XVI. Mientras paseaba por los alrededores de la Basílica de Saint-Sernin me percaté de que la portada exenta era renacentista, época en la que se iba a centrar la programación de la tarde. Y así vi que iba por buen camino y que, inconscientemente, me acercaba a la época de la cual formaría parte en unas horas.
Mientras caminaba, recordaba qué injustamente han sido tratadas las mentes más brillantes y cómo las sociedades han demonizado siempre todo lo que no conocían sin ni siquiera conceder el beneficio de la duda. Las censuras asimismo se han encargado de que mucha información ‘peligrosa’ para el poder, fuera cual fuera, no se filtrara entre…
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