Con esta coproducción con Venecia (supongo que porque fue la ciudad, aunque no el teatro, en que se estrenó) el Festival dio una oportunidad al primer intento operístico a gran escala de Donizetti. En 1818 obviamente el ascendente de Rossini era mayor, y aunque el libreto del Castello era del conocido Tottola, el de esta obra pertenece a Merelli, más conocido por su posterior tarea de ‘impresario’ en la Scala. Ahora bien, tratándose de un melodrama serio (o semiserio, dado que la obra tiene un final feliz y hay un personaje bufo -no demasiado y calzado de mejor o peor manera en la trama argumental-) la nueva producción, que gustó a una buena parte del público (probablemente la mayoritaria) a algunos nos dejó, digamos, perplejos. Una vez señalado el hecho poco frecuente de que ambos montajes tenían dirección femenina, no sé si Paoli…
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