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Los pedos multicolores de los unicornios

Juan Carlos Tellechea

lunes, 11 de mayo de 2020
Einhorn-Kapitalismus © 2020 by Nicolai Verlag

El economista suizo Joël Luc Cachelin (Berna, 1981) da mucho que hablar en estos meses de la crisis del coronavirus. Pide nada menos que una rigurosa regulación de las empresas emergentes, comúnmente denominadas unicornios. El Estado tiene la posibilidad de prohibirles planes, restringir su actividad o imponerles condiciones. La evasión fiscal de las compañías digitales debe ser combatida, afirma Cachelin, formado en las universidades de San Galo y de Berna, así como en la Hochschule für Wirtschaft de Zúrich y doctorado en administración de empresas, en su libro Einhorn-Kapitalismus. Wie die mächtigsten Start-ups der Welt unsere Zukunft bestimmen* (Capitalismo unicornio. Como las más poderosas empresas emergentes del mundo determinan nuestro futuro), de la editorial Nicolai Publishing & Intelligenca de Berlín.

En general, el Estado debiera controlar mejor los flujos financieros, señala Cachelin, director de su propio think tank, Wissensfabrik, al proponer un fondo europeo para crear unicornios en este continente que se ajusten a nuestros diseños futuros. El visionario economista helvético se imagina -como no podía ser menos, tratándose de un natural de la Confederación que el 1 de agosto próximo cumplirá 729 años- un fondo de capital de riesgo democrático en el que todos los ciudadanos podamos participar y en el que la ciudadanía vote sobre lo que se invierte.

El su libro de 144 páginas (demasiado breve para una temática tan ampulosa) critica el hecho de que las nuevas empresas apuntan a posiciones cuasimonopólicas. ¿No necesitaría el mundo otros inventos? ¿No sería oportuna aquí una revisión? ¿Por que los unicornios paralizan la capacidad innovadora de la economía?, se pregunta Cachelin.

Vayamos al grano. Las empresas con una valoración de más de mil millones de dólares estadounidenses son denominadas unicornios, como esos legendario animalitos de los cuentos de hadas, de los cuales no son parientes demasiado lejanos. ¿Qué tienen en común los capitalistas de riesgo y los niños de seis años de edad? Ambos aman a los unicornios.

Pero aunque algunos adoran a estas criaturas míticas, los unicornios del mundo financiero son empresas emergentes (start-ups) valoradas en al menos la cifra multimillonaria, mencionada más arriba, de la divisa estadounidense. Estos unicornios podrían, a través de su enfoque en las ganancias, la tecnología y el crecimiento, crear un futuro en el que pocas corporaciones determinen los asuntos mundiales, evalúa el economista.

Cachelin describe el crecimiento fulminante de los unicornios en pocos años. Ahora hay 391 nuevas empresas que los inversionistas valoran en más de mil millones de dólares. Estas incluyen nombres conocidos como la compañía espacial SpaceX, el transportista (taxis) Uber o la plataforma de vivienda AirBnB.

Sin embargo, la mayoría de los unicornios son solo conocidos por especialistas. Cachelin cita SmileDirectClub, aparatos de ortodoncia para implantar uno mismo, o PalantirTechnologies, que ofrece procesamiento de datos para la vigilancia policial preventiva. La mayoría de los unicornios proviene de Estados Unidos; China tiene también casi 100 empresas de este tipo y Europa algunas pocas docenas hasta ahora. Alemania tiene unas diez: el proveedor de almacenaje de electricidad Sonnen y la compañía de aviones-taxi Lilium son los ejemplos más conocidos.

Estados Unidos triunfa sobre Europa con más capital de riesgo. China, por otro lado, está promoviendo los unicornios como parte de su programa de estrategia industrial Made in China 2025. También hay una ética de datos diferente en Europa a la de Estados Unidos y China. La mayor protección de los datos privados en el Viejo Continente limita el modelo de negocio de muchos unicornios desde un principio.

Google y otras compañía invierten en estas emergentes

Los unicornios son financiados por un lado por fondos de capital de riesgo privados y estatales. Pero las compañías de informática dominantes como Facebook, Google, Amazon, Apple y Microsoft y sus contrapartes asiáticas Baidu, Alibaba, Tencent, JD y Softbank también han invertido miles de millones en unicornios. Google posee el 12,5% del valor total de todos los unicornios existentes, según Cachelin.

Todos los inversionistas comparten la esperanza de obtener grandes ganancias con los unicornios al revenderlos o al salir a bolsa con ellos. El aumento en el valor de las respectivas compañías se convierte así en su objetivo central. Pero apuntan a una posición cuasi monopólica similar a la que alcanzó la generación anterior de emergentes: Facebook, Amazon, Google y compañía.

Según Cachelin, las inversiones de mil millones de dólares son apuestas a un futuro que nadie conoce. Pese al alto riesgo de que los unicornios se conviertan en empresas fallidas, estas apuestas tienen sentido. Si solo uno de cada 25 unicornios sobreviviera y generara un alto rendimiento al salir a bolsa o al revender, el negocio habría valido la pena.

No queda muy claro en el libro de Cachelin hasta qué punto existe un riesgo de contagio a otros sectores económicos si estallara la burbuja del unicornio. Los capitalistas de riesgo súper ricos pueden hacer frente a las pérdidas de unos pocos miles de millones de dólares estadounidenses sin afectar su negocio principal. Sin embargo, si los financistas de empresas emergentes menos fuertes tuvieran que hacerese cargo de este quebranto, también podrían verse afectadas otras áreas comerciales no relacionadas.

Los unicornios producen flatulencias multicolores

¿Que pasaría si muchos de estos unicornios se revelan como promesas vacías sin ningún valor económico real? La devaluación de los unicornios y de los ex unicornios podría desatar una reacción en cadena que conduciría a la próxima crisis financiera, sostiene Cachelin. Tras el estallido de la burbuja dot.com los empresarios fallidos dejarían al menos una infraestructura digital. No sería este el caso de los unicornios que solo producen cementerios de datos y pedos multicolores, subraya el economista suizo.

Cachelin critica el modelo de negocio de muchos unicornios. Siguiendo el ejemplo de Amazon, Google y Facebook, el objetivo de estas empresas es lograr una posición de cuasimonopolio en su mercado. Los unicornios se centraron en ideas de negocios escalables. Ofrecen lo que se puede vender a granel a bajos costos de producción. Para lograr rápidamente la posición de monopolio deseada, muchos unicornios inicialmente invirtieron grandes sumas que no generaron ganancias durante años.

Dado que los unicornios se centran en ideas de negocios ampliables de ese tipo, dañan la capacidad innovadora de la economía, según Cachelin. Lo mismo se aplica a la creciente concentración del poder económico. Pone como ejemplo a Google, digamos...un abuelo ya de los unicornios, que compró talentos y patentes con los que casi nada parece suceder hasta ahora. El autor plantea la provocativa cuestión: ¿Qué pasa si realmente necesitamos nuevas fuentes de energía, materiales, nuevas formas de viviendas y vías educativas, y no cigarrillos electrónicos ni monopatines eléctricos (e-scooters)?

Propuestas

Mientras las máquinas no posean destrezas ni voluntad propia ni puedan reconocer lo que es innovador, significativo, cuestionable o sensual; mientra no puedan contar historias conmovedoras creadas por ellas mismas, los unicornios, sus promotores y compradores, estarán supeditados a nosotros, los seres humanos, señala el jefe de Wissensfabrik

Quedan dos características restantes, para cuando las máquinas hayan asumido todas las actividades repetitivas y ningún ejecutivo medio se interponga más en el camino. Por un lado, todo girará en torno a nuestra creatividad, acota. Ella comprenderá la capacidad de formular cuestiones críticas y de cuestionarse a sí misma. Tan importante es contar historias -sobre lo que fue y lo que vendrá, sobre el adiestramiento de los unicornios y de los murciélagos, acerca del futuro de la Humanidad, de los Estados cibernéticos, de la nueva solidaridad, de la reintegración de los marginados, sobre reformas de la democracia, acerca de las variantes y alternativas del capitalismo. Quien quiera contar deberá también poder escuchar, propone Cachelin.

Por otra parte, nuestra capacidad de relacionamiento nos diferencia de las máquinas. A través de sentimientos y conversaciones aprendemos a plantear cuestiones decisivas. Los robots pueden fingir empatía cuando hablamos con ellos sobre amigos, sobre nuestras madres, sobre los niños o sobre nuestras relaciones sentimentales, pero ellos nunca vivieron ni experimentaron esas relaciones. A los aparatos, los robots y los algoritmos les falta lo emocional, añade. Ellos pueden reconocer, pero no pueden entender lo que nos inquieta. Nosotros no mantenemos verdaderas conversaciones con ellos; ellos se hallan en el ámbito del hacer como si fuera así. Las economías y los empresarios innovadores debieran tener el coraje de digitalizar de forma todavía más consecuente. Cuando lo molesto, lo monótono y lo repetitivo sea automatizado, habrá espacio para las capacidades genuinamente humanas. Mientras el trabajo signifique administrar, matar el tiempo, asegurarse, politizarse, digitalizar lo análogo, esta situación nos impedirá renovar el capitalismo en el sentido de la autodeterminación, indica el economista suizo. 

Es hipócrita reclamar contra la esclavización por las máquinas y al mismo tiempo no liberar realmente a los seres humanos del mundo del trabajo industrial. Si pensamos en serio en lo que respecta a la creatividad debiéramos alentar a los Hombres a probar, viajar, fantasear, soñar. Debiéramos promover momentos de serenidad y de soledad. Éstos son imprescindibles para la realización de la creatividad, del trabajo de relacionamiento de ideas y de autorreflexión (escasean mucho en las jornadas laborales), propone. Las competencias del futuro serían naturalmente puntos de orientación anclados en el diseño de nuestras economías nacionales, sistemas de educación y culturas empresariales; la diversidad no debiera ser temida como factor de éxito. Los empresarios que quieran tener empleados creativos, críticos, peculiares, orientados a las relaciones, deseosos de cambios, autodeterminados necesitarían nuevos sistemas operativos: deberían repensar nuevos entornos laborales, nuevas formas de organización y nuevas posiciones de liderazgo. Para pasar a lo nuevo hay que poner en remojo lo viejo: el presentismo, las jerarquías, la desconfianza, la cultura del Usted, las bonificaciones exageradas, sugiere.

El descubrimiento del futuro está fuertemente caracterizado en la actualidad por los miedos. Se teme adoptar decisiones erróneas, se teme abrumar a los clientes, se teme que los empleados no autonómos abusen de las libertades otorgadas para trabajar bajo la modalidad Home Office, se teme que las holocracias no asuman sus responsabilidades, dice Cachelin. 

Los ejecutivos se afianzan firmemente en la defensa de sus privilegios, no están dispuestos a entregar su poder ni a compartir su margen de libertad para adoptar decisiones. Se resienten las estructuras, los roles y los símbolos de estatus del pasado, se pierden los mecanismos de autodeterminación conseguidos con gran esfuerzo. 

Los responsables se mantienen igualmente firmes en mantener el statu quo para evitar desagradables confrontaciones con ellos mismos, para no tener que redefinir su papel con una tarjeta de presentación. Muchos de ellos dicen que desean protegernos de la excesiva digitalización y de las máquinas. En primera línea se protegen a sí mismos -y nos tratan como si fuéramos autómatas estúpidos. La nueva forma de pensar (mindset) que se reclama hoy por todos lados, se revela como una nueva concepción del Hombre: todos podemos ser unicornios, afirma el analista económico.

De ahí que Cachelin reclame que el Estado regule aún más a los unicornios, ya que tiene la posibilidad de hacerlo. Einhorn-Kapitalismus es una buena introducción al mundo del capitalismo de las empresas emergentes. El autor no repasa la historia de los super unicornios como Facebook, Google y otros, ni describe el marco político que contribuyó al surgimiento de esta forma de capitalismo. Su libro es un poco sintético y su análisis del riesgo de una crisis financiera por el estallido de la burbuja del unicornio sigue siendo algo vago. Sin embargo, el economista y director del think tank futurista suizo plantea cuestiones que invitan a la reflexión, especialmente en estos tiempos del COVID-19 con consecuencias todavía imprevisibles.

Notas

Joël Luc Cachelin, "Einhorn-Kapitalismus", Berlin: Nicolai Verlag, 2019. ISBN 978-3964760289

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