La primavera, cálida y sensual, está ansiosa de madurar en verano. Los jardines de Schwabing, el barrio de la universidad y de los artistas en Múnich, florecen en todo su esplendor. Son las tres de la tarde. Entramos en un salón de té y nos sentamos a una mesa. El camarero se acerca y nos ofrece la carta. Ella la hojea sin leerla.-Ein Glas Sekt, bitte! (una copa de cava, por favor)- dice con decisión y me mira sonriendo.Acepto el desafío.-Para mí lo mismo.Brindamos. Anna Gourari ríe y habla de sus manos, pequeñas y regordetas, tan diferentes de las típicas de los pianistas. Los fotos de carteles y portadas de discos la muestran misteriosa, con una cabellera de seda negra haciendo sombra sobre los destellos que escapan de su mirada: una 'mujer fatal'. En los conciertos, sin embargo, llega al escenario marchando a toda prisa, sonríe,…
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