Al parecer esta obra de Korngold está entrando en el repertorio de los teatros de primer nivel. Si mi última reseña daba cuenta del estreno en la Opéra parisina, éste ha sido su bautismo en la sala de Piermarini. Y lo ha hecho por la puerta grande en cuanto a la versión y con éxito -¿inesperado?- de público. Es un ejemplo seguramente del boca a boca y de la capacidad del público para superar prejuicios y manipulaciones de los que a veces es víctima. En todo caso la Scala ha vuelto por sus fueros con este espectáculo, muy superior a títulos más conocidos o valorados que han pasado o están pasando en esta temporada. Teatro lleno en esta última función, con gente (críticos incluso) que repetían, mucho interés, buen éxito (y merecido).
La frase del título la dice al principio de la ópera -breve en sí misma- el protagonista y puede ser una…
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