Si es cierto que el espacio de la Felsenreitschule no era el más adecuado por acústica y tamaño a Händel, tampoco lo es en principio (con mejor acústica pero aún mayor espacio) el Grosses Festspielhaus para Gluck.Y sin embargo, Mark Minkowski lo convirtió en una fiesta de contrastes y colores, con los instrumentistas y el coro de Les Musiciens du Louvre-Grenoble: una obertura y una danza de las furias, para poner dos ejemplos nada más, que demostraron que la fuerza de la música es mucho más necesaria y fundamental que la mejor coreografía y la más maravillosa escenografía (lo que no siempre es el caso).Pero cuando cantaban Richard Croft (en un rol agotador para el que posee todos los recursos técnicos y estilísticos, aunque el timbre no sea para el recuerdo)y en menor medida (por la menor extensión del papel) Mireille Delunsch, las cosas…
Comentarios