Para muchos aficionados españoles la orquesta Filarmónica Checa es una institución emblemática. No solo fue la imagen más luminosa de su país en los tiempos del comunismo, sino que representa el último eslabón de una de las tradiciones musicales más ricas de toda Europa, por la cantidad y la calidad de sus músicos. El concierto demostró que esa tradición sigue viva y seguramente se encuentra en uno de sus momentos dulces.
Fallecido tristemente hace dos años el anterior director titular, el checo Jiří Bĕlohlávek, la orquesta decidió dar un golpe de timón contratando a una estrella internacional: el ruso Semyon Bychkov. No se ha equivocado. Lo que escuchamos el miércoles fue en gran parte mérito suyo. La interpretación no se desplegó en esa zona de seguridad donde tendía a instalarse el siempre solvente Bĕlohlávek. Porque Bychkov puede y…
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