Artes visuales y exposiciones

Los aztecas desembarcan en Stuttgart

Juan Carlos Tellechea

lunes, 11 de noviembre de 2019
Azteken © 2019 by Hirmer Verlag

Azteken (Aztecas) se titula una amplia exposición que coincide con el V Centenario del desembarco y la cruenta campaña militar del español Hernán Cortés en México, abierta en el Linden-Museum de Stuttgart, dirigido por la etnóloga Inés de Castro (Buenos Aires, 1968), destacada especialista en culturas precolombinas.

La muestra inaugurada el pasado 12 de octubre, se extiende hasta el 3 de mayo de 2020, y reúne 150 piezas cedidas por 13 instituciones de América y de Europa, como el Museo Nacional de Antropología y el Museo Templo Mayor de Ciudad de México, así como por el Museum Volkerkunde de Leiden, el Weltmuseum de Viena y el Musée Royaux d'Art et d'Histoire de Bruselas, entre otras, El precioso catálogo de 360 páginas fue publicado por la editorial Hirmer Verlag de Múnich.

Si bien en cuanto a técnicas metalúrgicas y de navegación los aztecas estaban hace 500 años por detrás de los europeos, en materia de sistema educativo y de higiene les llevaban la delantera. La sociedad, cuya vida cotidiana y universo religioso son explicados exhaustivamente en esta exhibición, era al menos tan compleja y estratificada como la de los conquistadores españoles.

A través de objetos arqueológicos y de manuscritos pictóricos, el Linden-Museum ilustra al público sobre las nociones que se poseen hasta ahora acerca de la cultura de los aztecas; conocimientos que presentan lagunas todavía, pese a los largos años de intensa investigación científica desplegados, afirma Inés de Castro.

No olvidemos que esos estudios se basan en buena parte, por un lado, en anotaciones y crónicas escritas por los conquistadores españoles que, según el autor de que se trate, tienen diferentes ponderaciones y tintes. Muchísimos documentos y códices originales de los aztecas fueron destruídos por los conquistadores a su arribo y durante el período colonial de la entidad territorial que pasaron a denominar desde entonces Virreinato de Nueva España.

Por otra parte, cabe destacar tambien que se apoyan además en investigaciones arqueológicas realizadas con éxito hasta hoy en el centro de la Ciudad de México, en el Templo Mayor y en su entorno más inmediato, puntualiza la etnóloga.

Se ha podido constatar que había una clase alta dominante con necesidades de lujo a veces excesivas, en las que el oro desempeñaba un papel menor. El jade (símbolo de eternidad), las coloridas plumas de ave y los textiles de algodón, lamentablmente casi totalmente desaparecidos a lo largo del tiempo, eran mucho más importantes que el áureo mineral que codiciaban los europeos.

Solo un puñado de plumas originales de la época azteca se conservan hasta hoy repartidas por el mundo, como las que adornan dos escudos con espléndidos diseños expuestos aquí. Son éstas las piezas estelares de la exhibición junto con una figura de jade con incrustaciones de coral o de moluscos de Quetzalcóatl, dios de la vida, la luz, la fertilidad y el conocimiento. Quisimos mostrarlas en su propio contexto, subraya de Castro.

El emperador azteca Moctezuma II (el Joven) creía que los españoles eran enviados de Quetzalcóatl cuando recibió a Cortés en un primer encuentro el 8 de noviembre de 1519 en la grandiosa Tenochtitlán. Señalar aquí que el término azteca no era utilizado por aquellos pueblos con el uso que le damos actualmente, para referirnos al vasto imperio de la Triple Alianza (integrado por los mexicas, de Tenochtitlán, su capital, los acolhuas, de Texcoco, y los tepanecas, de Tlacopán) que abarcaba, a la llegada de los españoles, el centro de México, la zona central de Oaxaca, la costa del golfo de México, Guerrero (a orillas del Pacífico) y el Soconusco (sur del hoy Estado de Chiapas en la frontera con Guatemala). La palabra proviene de un término náhuatl que significa gente de Aztlán (lugar mítico de origen de los nahuas), del que se desconoce su localización exacta.

En realidad, el V Centenario de aquella incursion de Cortés en el ambito de influencia de los mexicas y sus aliados fue solo un pretexto para realizar esta exposición en cuyo contenido la figura del aventurero y ambicioso español, así como su historia negra no desempeñan ningún papel apreciable

Al llegar a aquellas ignotas tierras, Cortés pronto se dió cuenta de que aliándose sucesivamente con determinados grupos indígenas podría derrotar a otros y avanzar paulatinamente hasta dominarlos, por lo que puso en práctica de inmediato su artera estrategia militar que al final lo llevaría al éxito.

Cortés, un personaje no menos ávido, fiero y sanguinario que otros de su tiempo, es absolutamente secundario aquí, apunta Doris Kulella, comisaria responsable de la exposición. Los españoles son importantes solo como fuentes históricas. Una barra de oro de dos kilogramos de peso es la única pieza de la exhibición directamente relacionada con la Conquista.

Huitzilopochtli, asociado con el sol, fue el dios principal y patrono guerrero de los mexicas que lo impusieron en el Altiplano Central hasta convertirlo en la deidad más adorada al arribo de los españoles a Mesoamérica. Su templo principal se encontraba en Huitzilopochco, hoy Churubusco.

En la mitología mexica, Huitzilopochtli fue quien ordenó la fundación de México-Tenochtitlán en el lugar donde encontraran un águila portando el Atl-tlachinolli (agua que se quema, agua preciosa o sangre), la cual tendría que estar reposando sobre un nopal entre otras características. La iconografía de este mito mexica se encuentra en el escudo nacional de México, y en el centro de su bandera.

El panteón de los dioses aztecas se explica hoy por computadora ante la audiencia, mientras se describe por otro lado el sistema económico que fue uno de los dos pilares fundamentales del imperio.

El lago en el que se encontraba Tenochtitlán, un lugar de ensueño, hoy desaparecido a excepción de algunos restos, sirvió de base para su agricultura ---regida por Xipe Tótec, deidad de la vida, la muerte, la resurrección y la vegetación---, de la que también el mundo entero se beneficia con las variedades heredadas de aquellas especies legendarias cultivadas por los pueblos originales de México.

Sin ir más lejos, el maíz (voz de los tahínos del Caribe que significa lo que sustenta la vida), variedad de la gramínea Zea (y esta a su vez de la silvestre teosinte), habría sido domesticado hace unos 10.000 años en los valles de Tehuacán (Puebla) y Oaxaca, en el denominado eje Neovolcánico. Los olmecas y los mayas cultivaban numerosas gamas de este cereal a lo largo de Mesoamérica y lo preparaban cocinado, molido o procesado a través de la nixtamalización (cocinado con agua y cal viva).

Hace unos 2.500 habría comenzado la expansión de los cultivos a gran parte de América, dando origen asimismo al desarrollo del comercio de sus excedentes. Entre finales del siglo XV y comienzos del XVI llegaría a Europa a través de los exploradores y navegantes, para después extenderse por todo el orbe debido a su capacidad de crecer en climas diversos.

El otro cimiento al que nos referíamos antes era el del tributo que los aztecas demandaban de las ciudades que sojuzgaban a lo largo de sus constantes guerras de conquista. Eran tributos que en forma de sacrificios humanos devolvían a sus dioses para asegurar su supervivencia. Los muertos ya no hablan en esta vida, pero siguen siendo objeto de culto devoto en el México moderno, cuyos ancestrales orígenes son prehispánicos.

Las celebraciones en aquellos lejanos tiempos, presididas por la diosa Mictecacíhuatl (Señora de las Personas Muertas o Dama de la Muerte), tenían lugar en el noveno mes del calendario solar mexica, entre mediados de julio y comienzos de agosto, y se extendían hasta septiembre.

Mictecacíhuatl era la esposa de Mictlantecuhtli (Señor del Lugar de los Muertos, el inframundo). Con la cristianización y el sincretismo religioso la festividad se hizo coincidir con el Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos, entre el 1 y el 2 de noviembre.

Más de 1:500.000 mexicanos hablan todavía hoy náhuatl, la lengua de los mexicas, pero miles de millones en el planeta tienen en sus vocabularios términos tan comunes y corrientes como tomate, chile, aguacate, guacamole, chocolate, mezcal, tequila y chicle sin saber siquiera su origen. Algunos términos más enriquecen hoy el español mexicano, un ámbito cultural muy vívido que, a no dudarlo, es asimismo prodigioso, denota gran fantasía y no cesa de crear nuevas, pintorescas y simpáticas expresiones.

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