Nunca la desdichadamente famosa ‘acqua alta’ había llegado tan alto en más de cincuenta años. Los sótanos de la Fenice se inundaron. Los ensayos se tuvieron que hacer en casa de Carsen o en Treviso. El agua volvía a amenazar la inauguración de la temporada, que se había convertido en un símbolo de la resistencia a la incuria, la corrupción, la desidia, el turismo vandálico. Por eso cuando la banda ‘La Vittoria’ se plantó (por suerte con los pies secos) a tocar motivos de la ópera inaugural delante del Teatro ni su nombre, ni la música, ni el acto parecían escogidos al azar y se cargaron de simbología.
El discurso del alcalde, y al final los aplausos para todo el equipo del Teatro dejaron bastante claro que por esta vez, una vez más, la ciudad de la laguna había escapado con éxito a un destino que me temo sólo demorado aunque espero no…
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