250 aniversario de Ludwig van Beethoven

¡Feliz cumpleaños querido Ludwig!

Juan Carlos Tellechea

lunes, 16 de diciembre de 2019
Busto de Beethoven, 1812 © Beethoven-Haus

Las celebraciones por el 250º aniversario del nacimiento del genial compositor alemán Ludwig van Beethoven comenzaron oficialmente en Bonn con la magnífica exposición Beethoven. Welt. Bürger. Musik en la Bundeskunsthalle. (Centro de arte y exposiciones de Alemania) y la reapertura de su casa natal con una nueva muestra permanente, tras casi tres años de intensos trabajos de preparación.

La intención de ambas exhibiciones (desde el 13 de diciembre al 26 de abril de 2020) es mostrar al público cómo se veía Beethoven a sí mismo y acercar el lado humano de este titán de la música universal de quien no conocemos el día exacto de su nacimiento, si bien el bautismo fue el 17 de diciembre de 1770 en Bonn.

Dicho sea esto al margen, en la conferencia de prensa de apertura, fue presentada asimismo la nueva directora de la Bundeskunsthalle, la historiadora de arte y pedagoga Eva Kraus, quien asumirá su cargo el 1 de agosto de 2020 (actualmente dirige el Neues Museum, de Nuremberg) y sucederá en el cargo al neerlandés Rein Wolfs, quien desde comienzos de diciembre se encuentra al frente del Stedelijk Museum, de arte moderno, de Amsterdam.

Las presentaciones, museística y didácticamente extraordinarias, incluyen en sus diversas secciones no solo las obras de Beethoven (con manuscritos originales autógrafos, entre ellos el de la Novena Sinfonía), sino también, en paralelo, los acontecimientos políticos que le tocó vivir. Describe asimismo la conformación de las orquestas de su tiempo. Echa una mirada a la red de contactos, mecenas y amistades que cultivaba, así como las estrategias comerciales que desarrollaba, ya que Beethoven era un muy buen gerente de su propio quehacer artístico profesional.

Además, aborda aspectos de su vida privada, por ejemplo, qué comía (carne en abundancia y mucha mantequilla), qué bebía (preferentemente vino tinto), qué dolencias y enfermedades había padecido y cómo eran tratadas (viruela, tifus, jaquecas, neumonía, reuma, sordera ---tratada con aceite de almendras--- y rábano picante en sus oídos, problemas digestivos estomacales e intestinales, gota, cólicos, ictericia y cirrosis hepática final), barriendo de paso algunos mitos sobre su persona. En este apartado pueden verse algunos de esos grandes audífonos en forma de trompeta que utilizaba Beethoven para oír.

En el testamento escrito los días 6 y 10 de octubre de 1802 con una carta a sus hermanos Kaspar Karl y Johann, Beethoven no ocultaba su desesperación por el avance de su sordera, que sufría desde antes de los 30 años de edad, y les reprochaba con amargura de tratarlo injustamente, de considerarlo colérico, terco, hostil, huraño, cascarrabias y misántropo.

¿Cómo se las arreglaba este hombre para componer esa música que tanto nos fascina y que tan hondamente nos estremece? El visitante que se detiene ante esta aspecto puede escuchar el cuarteto „Mir ist so wunderbar“, de su única ópera, Fidelio (1805- 1814), la Marcia Funebre, de la Sinfonía número 3, Heroica (1805), dirigida por Leonard Bernstein, y un fragmento de la obertura de Egmont (1810), inspirada en el drama de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1815), interpretada por la Beethoven Orchester, de Bonn.

Conmemoraciones similaes tienen lugar asimismo en Viena, adonde Beethoven se trasladaría definitivamente en noviembre de 1792, tras un primer viaje de estudios seis años antes, y donde moriría el 26 de marzo de 1827. No hay pruebas de que Beethoven hubiera conocido personalmente a Wolfgang Amadé Mozart (Salzburgo, 1756-Viena, 1791), durante su primera estancia, y de quien procuraba tomar clases entonces. La segunda permanencia de Beethoven fue ya demasiado tarde para Mozart y el joven músico alemán habría de ser alumno de Joseph Haydn (Rohrau/Baja Austria, 1732- Viena, 1809), aunque la influencia de ambos maestros era inocultable, se respiraba en la atmófera de Viena en aquellos tiempos.

Han sido acertadamente explicadas en la exhibición de la Bundeskunsthalle las diferencias de mentalidad entre la provinciana Bonn, una pequeña ciudad casi desconocida entonces, que ya comenzaba a quedarle muy estrecha a Beethoven, y la capital del Imperio Austríaco.

Beethoven, de pensamiento político moderno, tenía confidentes con los que podía intercambiar ideas, también sobre la situación conservadora en Viena. Mientras el austríaco todavía tenga la cerveza y las salchichas de Braun, no se rebelará, escribiría desilusionado en 1794 a su amigo, el editor de música Nikolaus Simrock de Bonn.

El compositor tuvo seguidores durante toda su vida. Buscó, pese a sus simpatías republicanas, la proximidad a la nobleza, sobre todo para ganarse el pan de cada día con su trabajo; legítima y urgente necesidad para un artista independiente como él. Sin embargo, no callaba sus opiniones. Príncipe, le espetó una vez a su entonces patrón Karl von Lichnowsky, lo que eres, lo eres por accidente y nacimiento; lo que soy, lo soy por mí mismo. Beethoven perdió a Lichnowsky, pero recibía pagos anuales de otros tres clientes, con el único requisito de que se quedara en Viena. Y así fue.

El testimonio más pequeño presentado en la exposición es una esquela de pocos centímetros cuadrados (parece más bien un mensaje secreto), en la que el entonces joven Beethoven, a la sazón de 24 años, le escribía a su amigo, el diplomático Heinrich von Struve, en Bonn, unas pocas, pero agudas líneas: cuándo llegará el momento en el que solo haya seres humanos, veremos aproximarse ese feliz momento solo en algunos lugares y habrán de transcurrir decenios para ello...(...).

Para las comisarias de la exposición Beethoven. Welt. Bürger. Musik., Julia Ronge, de la Casa natal de Beethoven, y Agnieszka Lulinska, de la Bundeskunsthalle, este documento descubierto en 2012 es una prueba más, en una larga cadena de indicios, de que Beethoven se ocupaba desde muy temprano (ya a los 22 años) con el análisis del contenido humanista de la Oda a la alegría, el poema de Friedrich Schiller (Marbach a orillas del Neckar, 1759- Weimar, 1805) compuesto en el verano de 1785 y publicado en 1786 (versión definitiva de 1808), para musicalizarlo.

Aquella idea desembocaría triunfalmente en la maravillosa y sobrecogedora Sinfonía número 9 (a comienzos de 1824), la última completa de Beethoven, cuyo cuarto movimiento (coral) se ha convertido hoy en el himno de la Unión Europea.

Beethoven trabajó en una décima sinfonía en do mayor poco antes de su muerte, pero solo hay notas bocetadas. Con ayuda de la inteligencia artificial, esas primeras líneas en el pentagrama se completarán en este año del aniversario. A iniciativa de la compañía de telecomunicaciones Deutsche Telekom (con sede central en Bonn), un equipo de compositores, músicos, expertos en informática y musicólogos está trabajando en ello con algorritmos idóneos. La fecha del estreno fue fijada para el 28 de abril de 2020, y será la Beethoven Orchester la encargada del estreno de la nueva (y antigua) pieza.

Domina uno de los espacios de la muestra el icónico retrato de Beethoven, conocido en todo el mundo, en el que se lo ve con una camisa blanca y un pañuelo de cuello rojo, pintado por Joseph Karl Stieler (Mainz, 1781-Múnich, 1858), artista de la corte del rey de Baviera, que llevara al lienzo asimismo las efigies idealizadas de Johan Wolfgang von Goethe y de Alexander Humboldt, entre muchas otras. La exhibición muestra asimismo los atuendos utilizados por damas y caballeros en la época de Beethoven. Tres modas al menos cambiaron en aquel lapso

La música de Beethoven acompaña permanentemente al visitante desde un comienzo. Fragmentos de la Sinfonía número 1 (1800), bajo la batuta de Paavo Järvi; el ballet Las criaturas de Prometeo (1801), con argumento del bailarín Salvatore Viganó); el Scherzo. Allegro del Trío para piano en do menor opus 1 número 3 (1795). Para personas con dificultades de audición se ha traído desde Canadá una butaca especial con un sistema electrónico integrado que permite a quien se siente en ella sentir las vibraciones de sus piezas en todo su cuerpo.

En Für Elise (1810), la sucesión de notas es muy sencilla, ligera como una pluma...y comienza a fluir de forma muy silenciosa...mi-re sostenido-mi-re sostenido-mi-si-re-do-la... tonalidades que quedan atrapadas en el segundo compás por un acorde entrecortado en la menor, y que cobran nueva energía en el mi mayor dominante, para continuar su derrotero en la característica forma A-B-A-C-A (la-si-la-do-la).

Esta es la fórmula de la mundialmente famosa bagatela para piano solo que escribiera Beethoven Für Therese, muy probablemente para su alumna Therese Malfatti ---a quien se había declarado y que finalmente no correspondió a su amor, casándose con un funcionario austríaco--- dedicada el 27 de abril de 1810, e inmortalizada como Für Elise, presumiblemente por error o por falsificación (hay varias controvertidas teorías) del copista, incapaz tal vez de descifrar las letras del original.

En la Casa natal de Beethoven, afirma su director-gerente, Malte Boecker, se atesoran muchos manuscritos autógrafos de las partituras, esquemas y borradores del compositor, quien afortunadamente tenía la manía de coleccionar todo, no tiraba nada o casi nada al cesto de los papeles, y así es como hoy es posible reconstruir el proceso de creación de sus obras y su biografía. Frente al domicilio se ha abierto ahora un recinto que sirve de tienda para adquirir recuerdos, así como de sede para reuniones y seminarios especializados.

Numerosos investigadores llegan anualmente hasta la Bonngasse 24 al 26, donde se encuentra la vivienda-museo en el casco histórico de Bonn, para analizar directamente esos originales. Desde la década de 1960 se está trabajando en esa casa para concluir una nueva edición crítica de la obra completa de Beethoven aún sin fecha de publicación.  

Este primer fin de semana de los festejos y bajo el título de Beethoven bei uns (Beethoven entre nosotros) se escucharon en toda Alemania conciertos con obras suyas en casas particulares, en tabernas, bares, cafés, confiterías y en todo lugar donde pudiera acceder algún músico para ejecutarlas. Muchos estudiantes avanzados de música peregrinaron por Bonn, Colonia y otras ciudades de Renania de Norte-Westfalia ofreciendo recitales, algunos de ellos transmitidos por la emisora de radio WDR 3.

En Gelsenkirchen (Cuenca del Ruhr) el Musiktheater im Revier (MIR) celebró el 60º aniversario de la construcción de su edificio, un clásico moderno de la arquitectura del siglo XX, con obras murales de Yves Klein y Jean Tinguely, en un acto especial que incluyó expresamente la obertura de Fidelio y el imponente coro final (preparado por Alexander Eberle) de la Fantasía para piano, coro y orquesta en do menor opus 80 (1808) de Beethoven, interpretados por la Neue Philharmonie Westfalen, bajo la dirección de Johannes Wildner.

Bonn, por su parte, espera convertirse con la ayuda de este Año de Beethoven -que concluirá el 17 de diciembre 2020 con un concierto de la West-Eastern Divan Orchestra, dirigida por Daniel Barenboim- en una ciudad cultural de primer nivel internacional y en un futuro no muy lejano en un centro de festivales, como los de Salzburgo, Bayreuth y Baden-Baden, según los ambiciosos planes de sus autoridades.

Por su propia naturaleza y como ningún otro compositor, la figura de Beethoven logra unir lo elitista con lo popular. A las celebraciones adherirán próximamente no solo el pianista chino Lang Lang, sino también el cantante de rock-pop, compositor y actor británico Robbie Williams en un espectáculo al aire libre que tendrá lugar en el Hofgarten, la pradera situada frente a la Universidad de Bonn.

Los forofos de Beethoven pueden llenar multitudinarios estadios deportivos, como ocurre en Japón cada domingo, y cantar a viva voz Freude schöner Götterfunken o recluirse como eremitas en una habitación para reverenciar las notas de la Gran Fuga en si mayor opus 133 para cuarteto de cuerdas (1825-1826) y ahondar en los misterios de su compleja música; una música que para el oido humano no suena menos rebelde que la dodecafónica de Arnold Schönberg, construida casi matemáticamente y que sigue dejando desconcertados a los oyentes en las salas de conciertos.

Uno de los mayores éxitos alcanzados por Beethoven tuvo lugar el 8 de diciembre de 1813 en Viena cuando celebró con el público la victoria (el 21 de junio de aquel mismo año) del conglomerado de tropas británicas, españolas y portuguesas, comandadas por Arthur Wellesley, el futuro duque de Wellington, en la batalla de Vitoria-Gasteiz sobre las tropas francesas que escoltaban a José Bonaparte en su huída de España.

El triunfo de Wellingtons Sieg opus 91, de 15 minutos, a la que él sin embargo no le concedía demasiada trascendencia, le acompañaría por el resto de su vida. Los vieneses querían a toda costa que se repitiera y se repitiera el espectáculo en el que una gran orquesta con percusión y disparos de cañón ponía en fuga a los odiados franceses en las Guerras de Coalición que concluirían dos años y medio más tarde con la decisiva e histórica derrota de Waterloo. Si bien hoy menos tocada en los conciertos, La Victoria de Wellington forma parte, junto a la Obertura 1812, de Piotr Chaikovski, y La batalla de los hunos, de Franz Liszt, del núcleo de las destacadas composiciones conmemorativas de grandes batallas militares.

El hecho de que en el mismo concierto fuera estrenada la Sinfonía número 7, que Richard Wagner calificara de apoteosis de la danza, muestra que tanto Beethoven como su público no tenían la más mínima reticencia al contacto con lo nuevo. A diferencia de Wellingtons Sieg, la Séptima sigue siendo una de las sinfonías clásicas habitualmente ejecutadas en los conciertos mundiales.

A propósito de la ira contra Napoleón y las crueldades de sus soldados, así como la Heroica, aquí se muestran, además de un imponente retrato ecuestre del emperador de los franceses, seis de los 82 grabados de la serie Los desastres de la guerra (1810-1815), de Francisco de Goya, cedidos especialmente para la exposición por la Colección de la Fundación Juan March, de Madrid, y que reflejan con total crudeza los horrores de las conflagraciones bélicas, entonces y hoy.

Otra de las interesantes sorpresas de la muestra es la reproducción del célebre friso de Beethoven (1902), realizado por Gustav Klimt (1862-1918) para la Secesión de Viena, que cubre un espacio dedicado a la interpretación de Richard Wagner de la Sinfonía número 9 de Beethoven.

Quizás sean los extremos los que hacen a Beethoven tan alucinante. Su radicalismo en el arte, en el que no hizo compromisos, ni siquiera cuando amigos y virtuosos, como el violinista Ignaz Schuppanzigh, cuestionaban los problemas técnicos para ejecutar sus cuartetos. Esos límites no eran un criterio para Beethoven y tampoco le importaban las convenciones ni las restricciones impuestas por la sociedad.

Esta es la fuerza que lo hace tan humano como su debilidad, guardada celosamente en secreto, de que le hubiera gustado pertenecer a la clase alta aristocrática. Cuando una enciclopedia francesa publicó en una contribución sobre Beethoven que era hijo ilegítimo del rey prusiano Federico Guillermo II, el compositor no se sintió molesto ni obligado a contradecirla. Durante 15 años toleraría la falsa información que entretanto había sido recogida por la prensa y otros editores. Es probable que este cuento chino halagara su ego. Poco antes de su muerte Beethoven desmintió por fin el rumor, a instancias de un amigo suyo, en un gesto que lo baja un poco del Olimpo de los dioses eternos, para convertirlo en el Monte Everest de la historia de la música, y hacerlo más accesible a los seres terrenales y mortales como nosotros.

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