Las veladas de música de órgano colman en los días prenavideños no solo las iglesias, sino también las más afamadas salas de concierto de Alemania. El público que acude a estas sesiones no es necesariamente el mismo que asiste regularmente a los recitales de música clásica, sino una suerte de espectador que busca momentos de meditación y recogimiento, aunque no necesariamente por motivos de fe religiosa. La velada de esta tarde gris de invierno reune la música de Johann Sebastian Bach y de Olivier Messiaen.
Una de las joyas más preciadas de la Filarmonía de Essen es precisamente su órgano, de 4502 tubos y sonoridad muy equilibrada, instalado en 2004 por la renombrada y sesquicentenaria empresa constructora de estos instrumentos Kuhn de Männedorf, cantón de Zúrich, Suiza.
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