Alemania

Espresso und Wiener Mélange: Capua y Strauss en el corazón de la cuenca del Ruhr

Juan Carlos Tellechea

viernes, 10 de enero de 2020
Gelsenkirchen, miércoles, 1 de enero de 2020. Gran sala del Musiktheater im Revier Gelsenkirchen (MIR). Neujahrskonzert (Concierto de Año Nuevo), con obras de Johann Strauss (padre e hijo), Franz Lehár, Gioachino Rossini, Giuseppe Verdi, Giacomo Puccini y Amilcare Ponchielli, entre otros, con el tenor chileno Carlos Moreno Pelizari. Orquesta Neue Philharmonie Westfalen. Director Giuliano Betta. 100% del aforo.
Carlos Moreno Pelizari © 2020 by Reinhard Baldauf

Con el sonoro estallido del descorchado de botellas de champán, explosiones de risas y arrebatadores giros de inolvidables valses, comenzó el 2020 en el espléndido Musiktheater im Revier Gelsenkirchen (MIR), en el corazón de la Cuenca del Ruhr, colmado de público hasta la bandera.

Espresso und Wiener Mélange fue titulado el extraordinario y divertido concierto de Año Nuevo de la orquesta Neue Philharmonie Westfalen, bajo la batuta del italiano Giuliano Betta (La Spezia, 1976) con obras de Johannes Strauss (padre e hijo), Franz Lehár, Giuseppe Verdi, Gioachino Rossini, Giacomo Puccini y Amilcare Ponchielli, entre otros, así como la intervención del joven tenor Carlos Moreno Pelizari (Santiago de Chile, 1995).

Si hay algo que diferencia notablemente a este espectáculo de otros similares, más acartonados y almidonados, que tienen lugar tradicionalmente por estas fechas en Alemania y en Austria, es esa soltura, fluidez, alegría de vivir y ese refinado gracejo que transmiten directamente sus músicos, empezando por quien oficia de presentador desde hace algunos años, Markus Wallrafen, segundo violín principal del colectivo.

No hay concierto festivo de Año Nuevo que pueda preciarse de tal, sin los estimulantes valses, polcas y cuadrillas de la familia Strauss o las emotivas melodías de Lehár -la Mélange vienesa- o las arias y danzas de Verdi, Rossini, Puccini o Ponchielli, así como las populares canciones napolitanas de Luigi Denza o Eduardo di Capua, con el Espresso a la italiana.

Durante casi dos horas de animación desfilaron una docena de temas, comenzando con la obertura de la opereta cómica Una noche en Venecia, de Strauss (hijo), estrenada en 1883 en el entonces Neuen Friedrich-Wilhelmstädtischen Theater de Berlín (hoy un moderno hotel ocupa su predio).

Ésta fue una de las pocas obras del célebre compositor que no tuvieron su debut en Viena. El programa incluyó también la exquisita música del ballet Danza de las horas de La Gioconda (Ponchielli), y la estremecedora aria Addio fiorito asil (Pinkerton), de Madama Butterfly (Puccini) que este escenario estrenará en una nueva producción el 28 de marzo de 2020, interpretada con gran sentimiento por Moreno Pelizari.

El Musiktheater im Revier festejó 60 años en diciembre pasado; un año menos que el último triunfo (1958) alcanzado en un campeonato de fútbol alemán por el club local, el Schalke 04, evoca Wallrafen ante la hilaridad del público, al presentarles al director Giuliano Betta, mezcla altamente explosiva entre Arturo Toscanini, Eros Ramazzotti y Salvatore (Totò) Schillaci, goleador del Mundial de Italia, en 1990, que ganara Alemania, derrotando a la Argentina de Diego Maradona.

Al decir del ex presidente del Parlamento Federal alemán (Bundestag), el democristiano Norbert Lammert, también originario de la Cuenca del Ruhr, quien pronunció un inolvidable discurso en el MIR durante la celebración, la ciudadanía de Gelsenkirchen quiere tanto a su teatro que saldría decididamente a las calles a protestar y a defenderlo ante un eventual cierre, cosa que no haría por la alcaldía de la ciudad.

La primera parte del recital fue cerrada con un paquete doble de Rossini. Primero, con la Obertura de su primer gran éxito, la opera buffa L'Italiana in Algeri (La italiana en Argel, allí donde el fuerte café moca se toma mayormente cortado con leche de cabra, apunta el presentador), estrenada el 22 de marzo de 1813 en el Teatro San Benetto, de Venecia.

Después, por Moreno Pelizari, con delicada voz, gran tempo y magníficos agudos, la canción cómica La danza (tarantela), octava pieza de la colección Les soirées musicales (1830-1835), con texto del poeta, libretista y político del Risorgimento italiano, conde Carlo Pepoli, entonada en 2 minutos y 15 segundos (el récord oficioso lo detenta Cecilia Bartoli con 2 minutos 13 segundos), puntualiza humorísticamente Wallrafen.

Già la luna è in mezzo al mare,

mamma mia, si salterà!

L’ora è bella per danzare,

chi è in amor non mancherà. (bis)

Già la luna è in mezzo al mare,

mamma mia, si salterà!

Presto in danza a tondo, a tondo,

donne mie venite qua,

un garzon bello e giocondo

a ciascuna toccherà,

finché in ciel brilla una stella

e la luna splenderà.

Il più bel con la più bella

tutta notte danzerà.

Mamma mia, mamma mia,

mamma mia, in mezzo al mare,

mamma mia, mamma mia,

mamma mia, si salterà.

Frinche, frinche, frinche,

frinche, frinche, frinche,

mamma mia, si salterà. (bis)

La ra la ra ...

Salta, salta, gira, gira,

ogni coppia a cerchio va,

già s’avanza, si ritira

e all’assalto tornerà. (bis)

Già s’avanza, si ritira

e all’assalto tornerà!

Serra, serra, colla bionda,

colla bruna va qua e là

colla rossa va a seconda,

colla smorta fermo sta.

Viva il ballo a tondo, a tondo,

sono un Re, sono un Pascià,

è il più bel piacer del mondo

la più cara voluttà.

Mamma mia, mamma mia,

mamma mia, in mezzo al mare,

mamma mia, mamma mia,

mamma mia, si salterà.

Frinche, frinche, frinche,

frinche, frinche, frinche,

mamma mia, si salterà. (bis)

La ra la ra ...

Al comienzo de la segunda parte, el tenor chileno, formado en la prestigiosa Universidad Católica de su país y en la renombrada Folkwang Universität der Künste, de Essen, volvió a mostrar la excelencia de su voz con la canzone del duque de Mantua del tercer acto de Rigoletto, "La donna è mobile", acompañado con sumo desvelo por la orquesta Neue Philharmonie Westfalen dirigida por Betta. Es la segunda vez que Moreno Pelizari canta en este teatro desde 2014.

Rigoletto fue estrenada por Verdi en 1851 en el Teatro La Fenice de Venecia, la urbe donde un espresso en el célebre café Florian de la plaza San Marcos, el más antiguo de Italia y uno de los antiguos del mundo, cuesta hoy hasta 11,50 euros, en comparación con los 1,80 euros del Eiscafé Graziella (cuatro estrellas) de Gelsenkirchen que reabre sus puertas el 13 de enero y sin peligro de inundaciones, acota el músico y maestro de ceremonias ante el júbilo y aplausos del público.

Sea como fuere, el café, en cualquiera de sus variedades, no figura entre los 20 primeros puestos de las bebidas más tematizadas en la música o en la lírica. Esa ilustre nómina es encabezada indiscutiblemente por el champán, al que dos compositores dedicaron sendas piezas, breves, pero plenas de alborozo; ambas con resonantes descorchadores entre sus peculiares instrumentos de percusión, así como xilófono y glockenspiel. Los instrumentistas, vientos y cuerdas incluidos, disfrutan enormemente con la ejecución y los oyentes perciben ese deleite.

A saber, el Champagne galop de Hans Christian Lumbye (1810-1874), el Strauss danés, Kapellmeister del Tívoli, cuya orquesta, fundada por él a mediados del siglo XIX, sigue activa hasta hoy; y el gran Johann Strauss con su musikalischer Scherz, Champagne Polka, estrenada en Pávlovsk, la residencia de los zares, al sur de San Petersburgo, el 12 de agosto de 1858, raramente tocada desde 1860 por un trágico episodio que afectó a un ministro de Finanzas austríaco, a quien estaba dedicada la composición.

Casi al cierre de esta ensoñadora velada romántica, vibra el Lied (del conde Danilo Danilowitsch, vividor de Pontevedro) Da gehe ich zu Maxim, interpretado a la perfección por Carlos Morales Pelizari, así como el memorable y emotivo vals de La viuda alegre de Franz Lehár que, con texto de Victor Léon y Leo Stein (basado en la comedia L'attaché d'ambassade (1861) de Henri Meilhacs), fue estrenada el 30 de diciembre de 1905 en el legendario Theater an der Wien, de la capital austríaca. Las cuerdas y las maderas de la Neue Philharmonie Westfalen suenan aquí especialmente celestiales.

Funiculì, funiculà, la celebérrima canción napolitana compuesta en 1880 por Luigi Denza con letra del periodista Peppino Turco, y que sobrevive largamente al primer funicular del Vesubio, destruido por una erupción en 1944, marcó la última parte de la velada, cerrada con Wiener Blut (Sangre vienesa), el no menos famoso vals de Strauss, quien de haber estado en estos tiempos en Gelsenkirchen y hubiera visto el grandioso trabajo que desarrollan este teatro y su orquesta lo habría rebautizado Schalker Blut, apunta Wallrafen con complacencia.

Ese fue tan solo el cierre oficial que antecedió a los dos bises de la tarde, el primero con O sole mio, la entrañable canción napolitana (1898), con letra de Giovanni Capurro y música de Eduardo di Capua, en la que el tenor Carlos Moreno Pelizari tuvo un lucimiento tan extraordinario que el público lo aclamó durante largos minutos con atronadoras ovaciones; y el último, con la tradicional Marcha Radetzky, composición orquestal de Johann Strauss (padre), escrita en 1848, y tocada consuetudinariamente en cada concierto de Año Nuevo en Alemania y en Austria, con la activa participación de los espectadores, aplaudiendo sus compases de acompañamiento bajo la precisa conducción de Giuliano Betta. ¡La algarabía era total! Glück auf! como dicen los mineros por estas latitudes, ¡buena suerte! ¡buen retorno! (de las entrañas de la Tierra).

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